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Fin de reelecciones: el desafío de una nueva forma de hacer política
El límite de dos mandatos plantea un cambio cultural en la forma de gestionar y de construir poder. La alternancia abre la puerta a una mayor democratización de los partidos y cierra otras a los vicios que provoca atornillarse a los cargos públicos.

A partir de esta norma los 135 intendentes, 138 legisladores, 1097 concejales y 427 consejeros sólo podrán ser reelectos una vez. El límite a la perpetuación en el poder fue avalado por la bancada oficialista de Cambiemos, además del Frente Renovador y del Bloque Peronista. Por su parte, la pata kirchnerista del Frente para la Victoria se opuso por considerar que cercena la voluntad popular.
En diálogo con Municipios uno de los senadores que apoyó la iniciativa sostuvo que "de ninguna manera se está coartando la posibilidad de que sea exitoso un gobierno o la carrera de un dirigente político, lo que estamos planteando es que si el éxito de una gestión en lugar de atarse a los intendentes o las personas o al legislador, se ata a la gestión de gobierno". Al respecto, el intendente peronista de San , Gabriel Katopodis, aseguró que la nueva ley "no violenta la voluntad popular, son las mismas reglas de juego que el sistema puede establecer".
En tanto, un dirigente del Frente Renovador sostuvo que "creemos en la alternancia, en la necesidad de generar nuevos cuadros". Justamente, la alternancia constituye un punto nodal porque durante décadas los intendentes se acostumbraron a acumular poder personalísimo, la suma del poder público en una sola persona, pensando en sostenerse en el cargo más que en gestionar. Claro que este pensamiento de inmortalidad política produce un deterioro en la calidad institucional, con sobrados ejemplos en el conurbano profundo (y no tan profundo). Desde el anonimato, un intendente con un tercer mandato en curso sostuvo en diálogo con Municipios que "es muy difícil formar nuevos dirigentes para la gestión municipal, lo que lleva a que uno se tenga que mantener en el cargo para que no se pierdan las políticas públicas aplicadas desde el municipio". Entonces, el límite establecido por ley obligará a los intendentes a darles lugar a nuevos dirigentes y a abrir el partido al debate de distintos espacios. Habrá que ver si eso no recrudece las internas partidarias. Seguramente los jefes comunales apuntarán a dejar un delfín cuando hayan cumplido sus dos mandatos consecutivos, al tiempo que otros intentarán hacer su propia carrera. Un dirigente con experiencia territorial analizó que no habrá una intensificación de las internas y enfatizó que "en todo caso va a favorecer a los partidos políticos y no esto de subsumir el partido al jefe de Estado; en realidad hay que separar la política partidaria de la estatal. Hay un cambio cultural, no es llegar y pensar cómo me quedo, sino cómo me va bien para que la gente me vuelva a elegir a pesar de que me tenga que ir".
Tras la sanción de la norma, varios intendentes prefirieron el silencio. Bien porque ellos llevan varios períodos en el cargo o bien por aquello de "no pisarse el poncho" entre colegas. Otros, en cambio, destacaron el impacto positivo que tendrá esta medida. Por caso, Ramiro Tagliaferro, el jefe comunal de Morón por Cambiemos, quien ya en campaña se había manifestado a favor de limitar las reelecciones, sostuvo: "Estoy completamente de acuerdo con la medida, que demuestra una vez más el coraje y la vocación de la gobernadora María Eugenia Vidal para cambiar las viejas reglas de juego de la provincia".
Otro de los efectos sintomáticos de la continuidad indefinida es el botín que significan cargos en principio menores, pero que permiten incluso sobrevivir a los mandatos de los propios intendentes. Al respecto, un dirigente peronista del conurbano afirmó: "En los Consejos Escolares la situación es peor. Como de los intendentes van atados concejales y consejeros escolares, muchas veces cambia el intendente y siguen siendo los mismos los concejales y los consejeros".


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