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Venezuela: hacia la aterradora etapa final de una disputa sin retorno
• EL RETO ANTICHAVISTA ALCANZÓ UN PUNTO MÁXIMO Y EL RÉGIMEN DESATA SUS REFLEJOS DICTATORIALES
Nicolás Maduro destruyó todos los puentes para una posible salida negociada. ¿Comienza otra ola represiva?
Fuego. Un antichavista dispara un arma casera durante una protesta en Caracas. La violencia se extiende peligrosamente en Venezuela.
Resultaron ayer más que sugestivos los informes sobre la ausencia de efectivos de seguridad en el este de Caracas, zona predominantemente antichavista. Fue, por un lado, un reconocimiento de las dificultades que encuentra el Gobierno para imponer su orden allí, lo que da cuenta de la magnitud del desafío que sufre. Pero, también, un modo de liberarlo, acaso como preludio para una represión que supere lo conocido.
El fin de la ficción por la que el chavismo convivía con resabios liberales significa también la erosión extrema de los liderazgos opositores moderados. Fue elocuente al respecto ver en los últimos días a Henrique Capriles, el gobernador de Miranda a quien la justicia del régimen inhabilitó políticamente por quince años, sumándose a los llamamientos a la insurrección.
Fue la cúpula chavista la que decidió destruir todos los puentes y eliminar a los moderados de enfrente, mientras cedía en algo y otorgaba la prisión domiciliaria a Leopoldo López, convocante de "La Salida" de 2014 y referente estelar del antichavismo radical. ¿Lo eligió también como su contraparte?
También en el plano internacional Maduro se deshizo de los moderados y dejó en el terreno al enemigo más enconado.
Resulta reveladora, en ese sentido, la crítica del chileno José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, a Michelle Bachelet. "Lo que existe en Venezuela hoy es una vulgar dictadura cívico-militar", declaró a El Mercurio. "Resulta sorprendente y desilusionante que la presidenta Bachelet no haya sido capaz de calificar las cosas en Venezuela de acuerdo con los hechos, y haya insistido en que la fórmula para salir de esta crisis sea un supuesto diálogo entre las partes, entre oposición y Gobierno, como si aquí hubiera una especie de responsabilidad compartida".
Vivanco tiene razón en que Venezuela soporta una dictadura y también en indignarse. ¿Pero qué otra cosa que llamar al diálogo puede hacer un jefe de Estado consciente de que la alternativa a la quimera de una negociación no es otra cosa que un desastre humanitario?
Argentina y otros países desconocerán el resultado de la votación de ayer, pero el único capaz de dañar a fondo al régimen es Estados Unidos. Si bien sus acciones son de larga data, ahora se harán completamente perceptibles, sobre todo si pasa de las sanciones que tocaban a personeros del chavismo a imponer otras que impacten de lleno en el sector petrolero venezolano.
¿Sería un modo de forzar el futuro, como piden los maximalistas? Se verá. Pero eso en el corto plazo sólo significará más sufrimiento para la población y una excusa extra para que el chavismo desate sus reflejos más dañinos.


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