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Profundizando el plan original
OPINIÓN

El enfoque del Gobierno para lidiar con una situación que lo desgasta políticamente se orienta a avanzar hacia una política de shock. El aumento de la tasa de interés de referencia del BCRA al 60% abona en ese sentido, encareciendo el crédito, en especial el destinado a aceitar la cadena de pagos, en un momento en que ésta sufre fuertemente las consecuencias de la recesión.
El nuevo acuerdo de desembolsos con el FMI, anunciado con impericia diplomática por el presidente Macri, generará mayor ajuste. Se habla de pasar de la meta de un déficit primario del 1,3% en 2019 a un saldo equilibrado, o un déficit muy cercano a cero para ese año. La reducción pasaría de $300.000 millones a cerca de $500.000 millones: para imaginar la magnitud de este achique, en julio pasado el Gobierno nacional tuvo un gasto primario de $246.899 millones.
Todos se enfocan en el achique del déficit fiscal, pero el ajuste, como explicamos, va mucho más allá: es también la devaluación, precios de combustibles al alza, salarios muy por atrás de los precios, y recesión para disminuir las presiones inflacionarias que surgirán.
Pero la reducción del déficit fiscal no resultará fácil. Además de los altísimos costos sociales que generará, cabe considerar que, con mayor recesión, menores serán los ingresos fiscales y, por lo tanto, el ajuste del gasto debería ser mucho más grande: se entra así en una espiral de ajuste tras ajuste. Ya pasó en Argentina. También en Grecia, por citar un ejemplo actual.
Ante esta dificultad de llegar a cumplir metas tan ambiciosas de déficit fiscal, y de conseguir el financiamiento necesario, ya se ha vuelto a hablar de entregar activos estratégicos como pago o garantía de la deuda: lo sugiere para Vaca Muerta Carlos Rodríguez, del CEMA (La Nación, 31.08.18).
Aumento significativo de deuda externa, dificultades para renovarla y la posible venta de activos estratégicos para solucionar estos problemas nos remiten a los noventa. No es una casualidad, es la esencia de las políticas que se han instrumentado en aquella época y las que está aplicando (y seguirá empleando) la gestión Macri.
De allí que la discusión sobre los errores cometidos por el Ejecutivo, o el eventual achique de ministerios, nos alejan del verdadero foco de discusión: la cada vez mayor necesidad de un cambio de modelo.


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