La crisis energética derivada del conflicto en Medio Oriente empieza a trasladarse con fuerza a distintas industrias del mundo, entre las que destaca el gran impacto sobre el sector aerocomercial. En un contexto de encarecimiento del combustible y restricciones en la oferta, aerolíneas de bajo costo anticipan subas en las tarifas y un ajuste en sus operaciones, con cancelaciones que podrían intensificarse en las próximas semanas.
El director de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), Willie Walsh, advirtió que el impacto podría sentirse primero en Asia, en la antesala de la temporada alta del verano boreal. “Creo que veremos cómo las aerolíneas empiezan a reducir algunos de sus horarios a medida que nos acercamos a la temporada alta del verano, en previsión de una posible escasez de combustible”, señaló.
Aun con ese escenario, el ejecutivo descartó un freno en la demanda similar al de la pandemia. “La gente seguirá volando en verano y querrá disfrutar de sus vacaciones”, sostuvo, marcando una diferencia clave con el desplome total que sufrió la actividad en 2020.
Sin embargo, en Europa las señales de alerta ya son concretas. Varias low cost comenzaron a advertir sobre el impacto del alza en el precio del combustible, en un mercado atravesado por la incertidumbre mientras el estrecho de Ormuz —clave para más del 20% del suministro global de petróleo y gas licuado— continúa prácticamente cerrado.
El cambio en el comportamiento de los pasajeros también empieza a aparecer. El CEO de Ryanair, Michael O’Leary, reconoció una desaceleración en la demanda: “Creemos que la gente se frena a la hora de hacer sus reservas”. Este fenómeno golpea con mayor fuerza a las aerolíneas de bajo costo, que concentran más de un tercio del mercado global.
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Ante la crisis de combustibles, Ryanair canceló 20.000 vuelos hasta fin de octubre y cerrará su filial regional CityLine.
El margen de maniobra de cada empresa depende, en gran medida, de su estrategia de cobertura de precios. Aquellas que aseguraron costos de combustible con anticipación enfrentan un impacto más acotado, mientras que el resto debe reaccionar con recortes más inmediatos.
Los ajustes sobre diversas lowcost
En los hechos, el ajuste ya está en marcha. Air Transat redujo un 6% su programa de vuelos entre mayo y octubre, mientras que Air Asia X confirmó la eliminación de rutas, sin detallar el alcance total.
En Europa, Lufthansa avanzó con una de las medidas más fuertes: recortará 20.000 vuelos hasta fin de octubre y cerrará su filial regional CityLine.
Air France-KLM también ajustó su operación: canceló un 2% de los vuelos de Transavia en mayo y junio, mientras que KLM limitó los recortes a menos del 1% en su red europea. Por su parte, Volotea informó la supresión de cerca del 1% de sus vuelos para los próximos seis meses.
Ryanair, en tanto, combinó factores. Además del contexto energético, apuntó contra la carga impositiva en Alemania —que calificó como una “fiscalidad estúpida”— para justificar la reducción a la mitad de su programa desde Berlín a partir de octubre. La compañía también ajustó un 10% su operación desde Dublín para la temporada de verano, en este caso por limitaciones de capacidad aeroportuaria.
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