La escalada militar en Medio Oriente no solo alteró los mercados energéticos internacionales y elevó los riesgos sobre el abastecimiento global de petróleo y gas. También provocó una fuerte transferencia de riqueza hacia las principales compañías energéticas y sus accionistas, según un informe difundido por Oxfam Internacional.
Los verdaderos ganadores de la guerra en Medio Oriente: 41 magnates energéticos sumaron u$s23.500 millones
Un informe sostiene que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán impulsó una fuerte transferencia de riqueza hacia el sector energético. El alza del petróleo, el gas y los fertilizantes también presiona sobre la inflación global.
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El cierre temporal de rutas comerciales vinculadas al estrecho de Ormuz impulsó fuertes subas en las cotizaciones internacionales del petróleo y del gas natural licuado (GNL), generando efectos que todavía continúan trasladándose a las economías de todo el mundo.
La organización estimó que 41 multimillonarios vinculados al sector energético en los países del G7 incrementaron su patrimonio en u$s23.500 millones desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. La mejora estuvo directamente asociada al fuerte aumento de los precios del petróleo y del gas, impulsados por las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, la principal ruta marítima para el transporte de hidrocarburos del mundo.
Según el relevamiento, los magnates energéticos aumentaron su riqueza a un ritmo promedio de u$s300 millones por día durante el período de mayor intensidad del conflicto. La organización calculó que, en conjunto, llegaron a ganar cerca de u$s1.000 cada vez que una persona parpadeaba.
El impacto no se limitó a las fortunas personales. Oxfam también proyectó que las ganancias de seis de las principales compañías petroleras y gasíferas del mundo podrían incrementarse un 80% respecto de las previsiones existentes antes del conflicto, lo que implicaría ingresos adicionales por u$s68.000 millones. De concretarse esas estimaciones, las utilidades combinadas de esas empresas alcanzarían los u$s152.000 millones durante 2026.
Energía más cara e inflación persistente
La crisis energética provocada por la guerra volvió a colocar a los precios de la energía en el centro de las preocupaciones económicas globales.
El cierre temporal de rutas comerciales vinculadas al estrecho de Ormuz impulsó fuertes subas en las cotizaciones internacionales del petróleo y del gas natural licuado (GNL), generando efectos que todavía continúan trasladándose a las economías de todo el mundo.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya había advertido que el conflicto está obligando a gobiernos y empresas a rediseñar sus estrategias energéticas, acelerar inversiones en infraestructura y diversificar rutas de abastecimiento para reducir riesgos geopolíticos.
A su vez, la Unión Europea proyectó recientemente que los precios del petróleo y del gas permanecerán por encima de los niveles previos a la guerra al menos hasta 2027, debido a los efectos rezagados del conflicto sobre las cadenas globales de suministro.
El impacto también alcanza a los alimentos
El informe de Oxfam destaca que las consecuencias de la crisis energética se extendieron más allá de los combustibles.
Aproximadamente un tercio del comercio mundial de fertilizantes atraviesa el estrecho de Ormuz, por lo que las interrupciones en la región también dispararon los costos de insumos clave para la producción agrícola.
Uno de los casos más relevantes fue el de la urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados en el mundo. Antes del conflicto, su precio rondaba los u$s400 por tonelada. Durante los momentos de mayor tensión llegó a superar los u$s850, aunque posteriormente retrocedió hasta ubicarse cerca de los u$s490.
La suba impactó sobre los costos de producción agrícola y terminó trasladándose a los precios de los alimentos, agregando presión inflacionaria en numerosos países.
Oxfam calcula que las tres mayores compañías globales de fertilizantes podrían registrar ganancias adicionales por unos u$s928 millones respecto de las estimaciones previas a la guerra, equivalente a un incremento cercano al 23%.
Una nueva crisis energética global
Para los organismos internacionales, el conflicto en Oriente Medio representa la segunda gran crisis energética global en apenas cinco años, después del shock provocado por la invasión rusa a Ucrania.
La AIE considera que esta situación podría redefinir durante la próxima década las estrategias de inversión energética a nivel mundial, impulsando nuevas infraestructuras de transporte, proyectos de gas natural licuado, energías renovables y programas destinados a reforzar la seguridad energética de los países consumidores.
En paralelo, el fuerte aumento de las ganancias de las empresas energéticas reabrió el debate sobre la aplicación de impuestos extraordinarios a los beneficios obtenidos durante períodos de crisis y sobre la necesidad de implementar mecanismos de asistencia para los países más vulnerables al aumento de los costos energéticos.
Mientras los gobiernos buscan contener los efectos inflacionarios y garantizar el abastecimiento, las compañías petroleras y gasíferas aparecen entre las principales beneficiadas por una crisis que sigue reconfigurando el mapa energético mundial.




