1 de junio 2018 - 09:28
Avanzada argentina en la fábrica de aviones más grande del mundo

nacidas y desarrolladas en Seattle.
Microsoft, Starbucks, Costco, Nordstrom y Amazon también son parte decisiva de la vida cotidiana de esta ciudad, en la que se gestó a principios de los años 90 el movimiento de música grunge, cuyo principal exponente fue Nirvana.
Mientras alguien lee esta nota, hay 12.000 aviones fabricadas por Boeing volando de un punto a otro del globo. Van pintados con los colores de 200 compañías aéreas diferentes. En el Centro de Atención a Clientes que funciona en Renton, Steve Johnson, director de marketing, exhibe orgulloso a los visitantes -entre los que está Ámbito Financiero- una pantalla de 90 pulgadas que muestra en tiempo real sobre un planisferio miles de puntitos brillantes. Cada uno indica que allí está volando un avión de la compañía. Resaltan sobre el mapa como una especie de Vía Láctea artificial. Al cabo de los próximos 20 años totalizarán 41.000 estrellas.
En los hangares donde se arman, los aviones se pueden ver pintados de verde metalizado a la espera de adquirir el color definitivo de la compañía que los hará volar. Sólo la aleta de la cola identifica a la aerolínea durante su fabricación.
La identidad se mantiene en secreto hasta último momento. No es posible sacar fotos, salvo cuando llega la autorización. En la fábrica de Everett los empleados se trasladan en triciclos a pedal por los pasillos y una calle central que une un extremo al otro del edificio. Ahí funcionan también 12 cafeterías, un almacén de provisiones básicas, tintorería, entre otros lugares acordes las necesidades de una planta que funciona en tres turnos todos los días del año. El lugar recibe a 1.200 visitantes diarios que pagan 25 dólares cada uno para que se les permita mirar desde un balcón lo que sucede adentro. Además, llegan 16.000 visitantes VIP al año que tienen el privilegio de circular internamente en carritos eléctricos que pueden llevar entre 8 y 10 personas.
Reyes, príncipes, presidentes, embajadores, empresarios, periodistas, suelen estar incluidos en esas listas. El guía explica que sólo un tercio de cada avión es fabricado en Everett, fundamentalmente las alas. Otro tercio lo hacen proveedores locales y se trata del fuselaje o cuerpo del avión que -en algunos casos- llega en tren desde Wichita.
El tercio restante del avión es aportado por proveedores extranjeros, de países como Japón y China. Van desde un tornillo a butacas y portaequipajes.
En una comunidad laboral de esta magnitud, no sorprende encontrar a un argentino trabajando en Boeing, aunque son pocos.
Julio Navarro es uno de ellos. Es ingeniero y vive en Estados Unidos hace 50 años. Tenía apenas 9 cuando vino desde Córdoba con su padre, tornero de la Kaiser. Ahora diseña sistemas de conectividad para los aviones. Inventó hace casi 10 años un tipo de antena que recién se comenzó a usar el año pasado. "Todos los cambios tecnológicos se empiezan a desarrollar mucho antes del momento en que se aplican. Tenemos un régimen de testeo muy exigente", explica.
AEROLÍNEAS ARGENTINAS
La semana próxima está previsto que Boeign entregue un nuevo avión de Aerolíneas Argentinas. Es un 737 Max, de última generación.
La compañía argentina ya tiene cuatro de estas aeronaves que recibió durante este año. Por su versatilidad y autonomía, las usa tanto para vuelos domésticos como regionales. Permite volar, por ejemplo, desde Córdoba con Punta Cana, en República Dominicana. Llega también a Chile, Brasil y Uruguay.
La visita de periodistas argentinos a Seattle tiene como objetivo ver de cerca el final del proceso de producción del Max para Aerolíneas. La expectativa es grande. En Renton se pueden ver los últimos toques en el armado, el pintado y el vuelo de prueba. Apenas se lo puede identificar por el celeste y blanco en la mitad del alerón de la cola.
Boeing tiene un área especial y una fábrica dedicada sólo al desarrollo del 737. Este modelo ya cumplió 50 años. El Max es la novedad. Los expertos lo consideran el mejor de su tipo, por encima de su competidor más cercano que es el 320 de la fábrica francesa Airbus.
Entre las mejoras que ofrece, hay una que es clave: el ahorro de combustible. La aplicación de nuevas tecnología en motores y también en el diseño de las alas y la cola, le permitió bajar un 14% ese costo operativo respecto de las cifras de 2011. Además, no sólo gasta menos sino que contamina menos.
Para Aerolíneas Argentinas es vital para bajar el costo por asiento y ganar productividad en un mercado cada vez más competitivo. El ejecutivo de Boeing elogia las bondades del nuevo modelo como un vendedor que vende un auto en una concesionaria. La pregunta de Ámbito Financiero cae por peso propio: ¿Cuánto cuesta un 737 Max? Johnson responde que son aproximadamente 140 millones de dólares. Claro que ese es el precio oficial -diríamos si fuera un auto- de la concesionaria. Luego hay condiciones y descuentos que cada compañía puede negociar.
Este es el caso de Aerolíneas Argentinas, donde se apuran a aclarar que ese no es el precio que se pagó por cada avión que se incorporó a la flota. Tampoco se sabe cuánto pagará la estatal argentina.
Entre otras cosas, porque las modalidades de compra no son las convencionales. Lo usual es que quien compra el avión es un inversor internacional que pone toda la plata junta y luego entrega la nave a la aerolínea en una operación de leasing. Así la compañía va pagando de a poco mientras el avión está en vuelo. De paso, no se ve obligada a inmovilizar cifras multimillonarias de recursos.


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