27 de diciembre 2014 - 16:16
El cuadro recesivo no se modificará y puede profundizarse

En la Argentina de 2014 hay un millón y medio de pobres más y cerca de medio millón de indigentes más. Pero lo particular de este escenario es que no se observan señales de que esto pueda alterarse en 2015. La estrategia oficial incluye un menú de opciones (suba de tasas para Lebac, nuevo endeudamiento a tasas altísimas, bonos en pesos que actúan como seguro de cambio para bancos, aseguradoras y exportadores) con el objeto de anclar el tipo de cambio, en un contexto inflacionario que no baja del 30% anual, manteniendo el déficit fiscal vigente y congelando tarifas.
Lo expuesto en un contexto mundial donde se deterioran los precios de nuestras exportaciones, se revalúa el dólar respecto a otras monedas y devalúan los países vecinos, indica que el cuadro recesivo no sólo no se modificará sino que puede profundizarse. Panorama que además promueve condiciones de ajuste fiscal, cambiario y tarifario para luego de las elecciones de 2015. Cabe consignar que la recesión vigente es el resultado (esperado y esperable) de las definiciones tomadas por el Gobierno Nacional luego de las elecciones de 2013. A partir de allí el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó buena parte de las propuestas que enarbolaba la oposición conservadora. Devaluación, suba de tasas, retraso de salarios y jubilaciones, arreglos en el marco del CIADI, reconocimiento y pago de la deuda con el Club de París, compensación millonaria e inaceptable a la "depredadora Repsol", maquillaje del índice de precios en línea con el FMI, todo con el objeto de retornar al mercado financiero internacional para reendeudar a la Argentina. En este marco, la recesión es un objetivo buscado como uno de los mecanismos que permite, vía descenso en las importaciones, defender el saldo comercial y el nivel de divisas en un contexto de escasez de dólares de la economía nacional. La búsqueda de divisas es la única lógica que gobierna la estrategia gubernamental consentida por una oposición que piensa igual, y se expresa en el mantenimiento de la recesión, la búsqueda de nuevo endeudamiento y la apertura de negocios que hipotecan el futuro en materia petrolera (ley de Hidrocarburos), y de Comunicaciones (licitación 4G).
Los únicos capítulos de la receta conservadora que el gobierno no ha aplicado han sido el congelamiento salarial en el marco de una estrategia antiinflacionaria y el ajuste del gasto público. En ambos casos, permite que sea la inflación la que licúe en parte ambas variables, de modo de evitar un mayor desgaste político y social de su gestión.
Así las cosas, el escenario político, económico y social de la Argentina combina la existencia de dos tendencias en desarrollo, contradictorias y cuyo despliegue plantea dudas e interrogantes, respecto a la gobernabilidad futura del país. Por un lado, hay un agravamiento evidente del cuadro social que se expresa en un proceso de crecimiento de la conflictividad. Vale la pena resaltar que en los últimos dos años hubo tres paros nacionales, mientras que en los años anteriores de la gestión Kirchner no había habido ninguno. Por otro, el cuadro recesivo se extiende hacia 2015 y las opciones políticas que dominan en el horizonte (Scioli, Massa, Macri, FAUNEN) profesan un ideario conservador que solo conoce un modo de ordenar los desequilibrios macroeconómicos: más ajuste. No hay solución en el horizonte político-conservador hoy dominante, a las demandas y necesidades que los argentinos tenemos. Una vez más, el sistema político tradicional y dominante en la Argentina, atrasa el reloj de la historia. Una vez más los argentinos debiéramos esforzarnos por parir una nueva experiencia política. En eso seguiremos trabajando.


Dejá tu comentario