El otro lado de la vacuna: ¿Cómo es ser voluntario?

Ambito BIZ

Son hombres y mujeres que decidieron formar parte de los ensayos que llevan adelante Pfizer en la Argentina y AstraZeneca en Sudáfrica. Todos ellos buscan ayudar a ponerle fin a la pandemia.

Pablo, Pedro, Liliana y Ezequiel, son la otra cara de la pandemia. Todos ellos tienen algo en común, decidieron ponerle el hombro al covid-19 y se ofrecieron como voluntarios de las potenciales vacunas para combatir el coronavirus. A los cuatro los motivó ser parte de la solución y ponerle un freno a las estadísticas que preocupan. “Hoy el covid tiene nombre y apellido y todos tenemos un caso cercano que lo padeció”, cuenta una de ellas.

El pionero

Pablo Berra tiene 54 años, hace 12 vive en Sudáfrica y fue el primer argentino en participar de los ensayos en busca de una vacuna. En julio se involucró con las pruebas que lleva adelante la universidad de Oxford con la multinacional AstraZenca en ese país. “Me contacté con los médicos por miedo, el virus avanza rápidamente en el mundo” contó a Ámbito.

Y es que el riesgo es grande: Berra vive con su mujer, sudafricana, que pertenece al grupo de riesgo por su delicado estado de salud. “Mi esposa es una paciente con diabetes, además tiene problemas en el páncreas por lo que estamos constantemente visitando hospitales, estamos muy expuestos al virus y vemos lo que el coronavirus está generando en esta sociedad”, describió.

En Sudáfrica la cuarentena es muy diferente a la que se lleva adelante en el país, por eso los números de contagiados se reproducen con mayor velocidad. “Acá la vida es muy normal, solo te obligan a usar alcohol en gel y barbijo, pero no hay distanciamiento social y todos los comercios siguen funcionando”, reconoce este hombre al que el virus lo afectó de lleno. “Con mi mujer tengo una escuela de método Montessori que lamentablemente permanece cerrada”, reconoció.

Berra deberá estar supervisada durante 12 meses en los que no podrá salir del país pero debe continuar con su vida con la mayor normalidad posible. “Tengo controles médicos y debo reportar ante cualquier malestar, por ahora solo tuve una febrícula y dolor muscular, pero mi estado de salud en general es bueno”, reconoció.

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En la Argentina

Ezequiel Boetti al igual que Berra buscan ser parte de la solución. Este joven de 33 años, periodista fue uno de los primeros en someterse a las pruebas locales que hace Pfizer en el país en busca de una vacuna contra el covid-19. “Desde que empezó todo estaba con ganas de ayudar, siempre uno espera poder ayudar. La realidad es que es un virus que ataca a la población más grande y a los más débiles y yo soy joven y estoy sano, me parece un acto de egoísmo no hacerlo”, sostuvo. Además su profesión también lo impulsó a inscribirse” me despierta curiosidad, quiero saber cómo es el procedimiento, creo que se trata de una inquietud profesional”, concluyó.

Una vez que se sometió a la primera dosis, en el caso de Pfizer, es una prueba de doble ciego – es decir que a un grupo le aplican placebo y a otro la potencial vacuna- no sufrió efectos adversos, solo molestias en el lugar en donde le aplicaron la vacuna. “No tengo miedo, quizás mis padres preferirían que no lo hiciera, pero me apoyan en la decisión”, agregó. Además, Ezequiel Boetti, vive solo y sin lugar a dudas eso fue un factor fundamental a la hora de tomar la decisión: “vivo solo en mi casa, eso también es un punto a tener en cuenta, no contagio a nadie, no estoy en el grupo de mayor riesgo y me da tranquilidad en caso de tener que aislarme”, describió.

Pedro José Ruiz, tiene 55 años y vocación de ayudar. Es donante de plaquetas y de sangre habitualmente. Este licenciado en informática, es hijo de enfermera, quizás por eso no le tema a las agujas y tomó la decisión de ser voluntario casi como un impulso. “Nunca dude. Me parece importante hacerlo. Creo que es el momento de involucrarse. Estoy orgulloso de mi decisión”, describió este hombre padre de tres hijos que fue la última camada en someterse a las pruebas de Pfizer en el país.

Pedro es el primer catamarqueño en ser parte de los ensayos contra el covid-19. “Mi exmujer, la madre de mis hijos estuvo infectada, por suerte tuvo síntomas muy leves, pero vi la enfermedad de cerca, por eso no dudé en ser parte de estos experimentos”, aseguró el hombre que por el momento no sintió ningún malestar tras haber recibido la dosis y continúa con su vida, casi con normalidad.

“Muchos de mis amigos me ven como un ídolo, yo no me considero un ídolo. Otros creen que estoy loco, uno de mis hijos, el más miedoso, está muy atento a cómo estoy porque tiene miedo”, describió en una llamada telefónica a este diario. Lo cierto es que como el resto de los voluntarios Pedro está muy contenido por los médicos del equipo del infectólogo Fernando Polack que llevan adelante el estudio. “Durante 26 meses me van a controlar y debo informar ante cualquier malestar, todo es muy serio y estoy muy feliz con mi decisión”, aseguró.

Para Liliana Zacariaz, tampoco había lugar a las dudas: “cuando escuché a uno de los voluntarios en la tele decidí postularme, no lo pensé demasiado, quise ser parte de la solución para terminar con la pandemia, dar esperanza de que la vacuna en algún momento llegará”, explicó. Zacariaz es locutora y periodista y también forma parte de las pruebas de Pfizer. “Tuve febrícula y algunas molestias tras la primera aplicación, estoy ansiosa porque me den la segunda dosis para ver qué efectos me causa”, describió.

A las mujeres que se someten a los ensayos les realizan exámenes para verificar que no estén embarazadas. Además, al igual que a los hombres, les recomiendan que durante el periodo de aplicación de las dos dosis mantengan relaciones sexuales con anticonceptivos. “No fue algo que me preocupó porque no está en mis planes ser madre por el momento”, aseguró esta mujer que tiene el apoyo de su familia y amigos. “Hay gente que critica y se asusta, pero la mayoría está contenta de mi decisión. Lo hice pensando en mis padres que son adultos mayores y que están dentro de la población en riesgo, quiero ayudar a generar esperanza de que hay una cura para este virus”, concluyó.

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