La situación de emergencia desatada tras la erupción del volcán chileno Llaima funcionó como un forzado test de convivencia para la ascendente relación política entre el gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, y la Casa Rosada, que ayer ofreció «toda la colaboración que sea necesaria». Heredero del ultraopositor Jorge Sobisch, Sapag -que también pertenece al Movimiento Popular Neuquino (MPN)- se esforzó desde el inicio de su campaña electoral por demostrar que aspiraba a generar una apertura al diálogo con el kirchnerismo. El oficialismo siguió el mismo juego y a un mes de la asunción del nuevo mandatario ya parece derribado el «cerco anti-K» que el sobischismo había puesto sobre la provincia. Los daños potenciales del volcán Llaima no dejaron lugar para especulaciones y pueden ser leídos como un punto que se anota Sapag, al contar con una rápida reacción positiva del poder central, vía llamados telefónicos del ministro del Interior, Florencio Randazzo - por expreso pedido de la presidente Cristina de Kirchner-; del vicepresidente, Julio Cobos, y de la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti. «En caso de agravarse la situación, el gobierno nacional pondrá a disposición de la provincia un plan eventual de apoyo federal para reforzar las actividades de la prevención y protección civil, tanto en la faz técnica como logística», notificó ayer Randazzo. «Estamos en contacto permanente con las autoridades del gobierno neuquino, y junto con el vicepresidente, Julio Cobos, por expreso pedido de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, hemos ofrecido al gobernador Sapag toda la colaboración necesaria», indicó luego el ministro. Por su parte, Cobos se comunicó con el ex intendente de Neuquén, Horacio Quiroga (uno de los principales impulsores de la Concertación UCR-PJ), hombre de confianza del vicepresidente y próximo subsecretario de Relaciones Exteriores, quien asumirá el próximo jueves 10. De hecho, Quiroga será el radical K que logre el cargo más alto en el gobierno de Cristina. Desde su reciente ascenso al poder, la Presidente mantiene buen diálogo con Sapag y ya lo recibió en la Casa Rosada. El neuquino se dio el gusto de protagonizar sonrientes encuentros, que le sirvieron para demostrar sus buenos modales y, de paso, pedir por retenciones a la exportación de hidrocarburos y financiamiento federal para vencimientos de deuda pública (este año la provincia necesita $ 360 millones). En ambos casos, se trata de viejos reclamos de la provincia, que Sobisch nunca elevó personalmente a la Casa Rosada en vista de su perfil ultraopositor que se vio reforzado por su fallida campaña presidencial.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario