«A mal tiempo buena cara» no parece ser la frase apropiada para describir la relación entre Cristina de Kirchner y el interior del país, en vista de que la Presidente se ha convertido en una suerte de «adicta a la meteorología», ciencia que, si bien ha perdido solidez merced al grave cambio climático, suministra excelentes argumentos para la cancelación de visitas a provincias. En Entre Ríos conocen del tema, ya que en apenas dos semanas Cristina apeló al pronóstico del tiempo como cita de autoridad para esquivar el viaje a Concepción del Uruguay, ciudad ubicada a las conflictivas costas del río homónimo, un terreno dominado desde hace tiempo por los ambientalistas anti-Botnia. Desde Nación esgrimían ayer los mismos argumentos que cancelaron la visita del 16 de enero pasado: el aeródromo local no ofrece seguridad suficiente para un aterrizaje con mal clima. Casualmente, los pronosticadores oficiales auguran tormentas aisladas para el sur de Entre Ríos durante la jornada de hoy. Todo indicaba ayer que el gobernador Sergio Urribarri -peronista que la Casa Rosada ahora mira de reojo por su acercamiento a los ambientalistas de Gualeguaychú- y los productores, empresarios y trabajadores del sector avícola de Concepción deberán rezar con más fuerza a San Pedro para ser bendecidos con la esquiva presencia K. Hasta el momento, en casi dos meses de gobierno, Cristina sólo realizó visitas oficiales -por fuera de su descanso en El Calafate- a Río Turbio, Santa Cruz, el 14 de diciembre; y Carlos Paz, Córdoba, el jueves de la semana pasada.
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