Tortura además al jujeño el hecho de que abunden ejemplos de colegas que sí lograron el objetivo político de reforma constitucional y habilitación de reelección. José Alperovich, gobernador tucumano y vecino de Fellner, acaba de firmar su nueva Carta Magna que lo habilita a gobernar hasta 2015, siempre y cuando el voto lo acompañe. También en el Norte, el misionero Carlos Rovira logró que la Legislatura declare la «necesidad» de reforma y todo indica que podrá postularse en 2007. Son tres votos los que le faltan a Fellner para que la Legislatura dé aval a la reforma de la Carta Magna jujeña. El PJ llega a 29 votos, pero requiere de 32. Lo que en un principio no parecía misión imposible, ahora ya tiene ese carácter para el oficialismo, ante la firmeza del opositor Frente Jujeño, que no está dispuesto a acceder. El giro negativo lo sufrió Fellner en las elecciones legislativas de octubre pasado, cuando no logró alzarse con mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y comenzó a ver cómo se frustraba su búsqueda electoral. A la hora del análisis de este fracaso, desde el propio entorno peronista y la oposición manejan hipótesis similares, apuntando que Fellner no logró trabajar correctamente el terreno político local, pese a la buena base que había conseguido en 2003, cuando triunfó con 57% de los votos, logrando entonces la reelección. La opinión de los jujeños coincide en que hubo una dilapidación del consenso por parte de Fellner, en un proceso inverso al transitado por la mayoría de los gobernadores que triunfaron en 2003, en especial los peronistas que, al igual que el jujeño, tienen buen trato con la Casa Rosada y han hecho crecer su popularidad en estos tres años. Negativo También impacta la comparación de Fellner con sus pares de las vecinas Tucumán y Salta. En la primera, se mencionó el crecimiento que logró Alperovich desde que accedió al poder en 2003; en tanto que el salteño Juan Carlos Romero dejará en 2007 el mando tras dos períodos en los que logró un progresivo aumento de su poder y, especialmente, un fuerte posicionamiento de la provincia a nivel mundial en el plano turístico, un terreno en el que Jujuy comparte similares aunque poco explotadas riquezas naturales. Es habitual que se critique al gobierno de Jujuy por su inacción en materia turística. Un buen ejemplo de esta falencia de Fellner y su administración lo dan los turistas que visitan el Noroeste y recién se enteran de que existe una provincia llamada Jujuy cuando están allí. Esto sucede porque casi el total de los viajeros que visitan la región entran y salen por Salta, y hasta creen que la Quebrada de Humahuaca queda en esa provincia. Al parecer, Fellner pensó que bastaba con hechos puntuales y mediáticos como fueron la consagración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO, o las constantemente promocionadas obras en el Paso de Jama, a través de la cordillera de los Andes. Este tipo de acciones podrá lograr buena repercusión en el orden nacional, pero no alcanzó para convencer a los jujeños de que deben mantener al mismo líder en el poder. Incluso tampoco le funcionó a Fellner una estrategia que ha probado efectividad en otras provincias, como es el mantenerse siempre cerca del presidente Néstor Kirchner. El buen vínculo con el santacruceño -de quien fuera jefe de campaña en los últimos comicios nacionales- tal vez termine sirviéndole a Fellner para su futuro político fuera de la provincia. Fellner asumió como gobernador en noviembre de 1998, cuando el entonces mandatario, Carlos Ferrero, debió renunciar en medio de una fuerte crisis institucional. En tanto que en diciembre de 1999 y en octubre de 2003 sostuvo el poder por medio de elecciones. Sumando los tres períodos, Fellner lleva más de una década dirigiendo una provincia donde es poco lo que cambia y los indicadores sociales y económicos no salen del fondo de la lista que integran las provincias argentinas.
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