Santa Cruz - Las postales paradisíacas que depara El Calafate y que seducen a Néstor y Cristina de Kirchner esconden en las sombras un abanico de carencias en materia de combustible y gas envasado que complicaron seriamente en los últimos días a turistas y a vecinos, en la puerta de entrada al mundialmente famoso Glaciar Perito Moreno. Sin embargo, el fantasma del desabastecimiento no sólo acecha a la villa donde los fines de semana el matrimonio del poder dibuja el futuro del país después del 10 de diciembre, y que desde este jueves será escenario de una reunión del Consejo Federal Agropecuario, presidida por el secretario de Agricultura de la Nación, Javier de Urquiza. Por caso, en Río Gallegos, son moneda corriente los reiterados cortes de luz, que impactan en el también menguado suministro de agua potable. A ello se suma, además, la falta de nafta y gasoil, potenciada porque el combustible ya no es almacenado en los tanques locales de Repsol, a partir de la decisión de que los barcos no atraquen más en el deteriorado muelle local, por lo que los camiones llevan el combustible desde Comodoro Rivadavia. Pero al menos los habitantes de la capital provincial no reciben el castigo que se les imparte a quienes viven en Caleta Olivia, de la mano de una extensa protesta de empleados, que ya degeneró en calles inundadas por líquidos cloacales y repetitivos cortes de luz, con fuertes pérdidas para los comerciantes.
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Veamos algunas instantáneas que en los últimos días pudieron ser tomadas en la tierra prometida del presidente saliente: c El Calafate no pudo esquivar el impacto de un reciente paro nacional de petroleros ligados a la distribución de gas envasado, y la falta de garrafas aún se hace sentir, pese a que esa medida de fuerza logró ser domada la semana pasada en el despacho del ministro laboral, Carlos Tomada. Pero, además, la localidad sufre la escasez de combustible, cuya venta es racionada. «Acá hay combustible sólo por momentos, según van ingresando los camiones», admitieron desde la comuna, en declaraciones a «Tiempo Sur». Las colas en las estaciones de servicio son ya parte del paisaje, y bien lo saben los conductores del transporte ligado al turismo, que dependen del combustible para llevar adelante la principal fuente de ingresos del lugar. «Un transportista llega del glaciar, y después tiene que estar entre tres y seis horas esperando para cargar combustible», dijeron, frente a colas de micros que pueden llegar hasta las tres cuadras. Para colmo de males, ahora estalló otra medida de fuerza, esta vez del Sindicato del Petróleo y Gas Privados de Santa Cruz, que paralizó yacimientos de Petrobras (piquetes incluidos). Según el portal Magnamedia, en el marco de las negociaciones para destrabar el conflicto, representantes de la empresa les habrían pedido a los gremialistas que el desabastecimiento no alcance a El Calafate. c En Caleta Olivia, en tanto, un paro que se perpetúa de las áreas de Energía y Saneamiento de Servicios Públicos local desató una grave crisis en materia de prestación de servicios básicos. Por caso, varias calles terminaron inundadas por efluentes cloacales, mientras que se repiten los cortes de electricidad, para profundo malestar de los vecinos y de los comerciantes, que denuncian importantes pérdidas en su actividad. No es todo, ya que además -según lo reseñado por el diario «Tiempo Sur»-, el Hospital Regional de Caleta Olivia no tiene agua y sus servicios de luz de emergencia no dan abasto, por lo que fueron suspendidas las operaciones programadas. En este muy delicado marco, ya temen un posible brote masivo de enfermedades gastrointestinales.
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