En ese contexto, la operadora de la refinería Repsol YPF y las petroleras de la zona afectadas por la protesta habían presentado denuncias penales. El gabinete de ministros de Sobisch insistió ayer con fuertes denuncias contra el gobierno nacional, al que acusó de involucrarse en la medida de fuerza para desestabilizar política y económicamente a la provincia. Por su parte, la ministra de Seguridad y Trabajo de Neuquén, Susana Arévalo, explicó en diálogo con este diario que no se había montado un operativo de seguridad para anticipar eventuales desmanes porque se intentaba preservar la paz social. La estrategia oficial adoptada estaba en sintonía con las denuncias hechas por el propio Sobisch, quien alertó sobre un eventual conflicto con una espiral de violencia que amenazaba con repetir los trágicos hechos del 7 de febrero en Las Heras, Santa Cruz, donde fue asesinado un policía y derivó en la renuncia del gobernador Sergio Acevedo. Con esos antecedentes, Neuquén sólo había asignado a una decena de policías «convencionales», que carecían de cascos, chalecos antibalas y cachiporras para sofocar cualquier intento de provocación por parte de los maestros. Se trata de los efectivos que controlan habitualmente la circulación por la Ruta 22 y otros siete que realizan tareas en la Dirección de Tránsito. Al cierre de esta edición, el gobierno había ordenado un esquema de refuerzo que preveía la llegada de otros 60 efectivos convencionales que están afectados a tareas en la zona de Plaza Huincul-Cutral Co. Disputa Así fue como el enfrentamiento se produjo directamente, según relatan fuentes de la zona, entre los afiliados a los gremios de la construcción (UOCRA), camioneros y petroleros, que exigían la libre circulación, y los maestros, que contaban con el respaldo de los trabajadores de la cerámica Zanón, los mismos que fueron a respaldar la revuelta de petroleros y obreros de la construcción en Las Heras. La virulencia que alcanzó ayer la trifulca reanimó la hipótesis de los «infiltrados» y repotenció el cruce de acusaciones. El gobierno provincial insistió con eventuales «infiltrados» traídos desde Buenos Aires, más concretamente desde el kirchnerismo. Por su parte, el gremio docente y sus aliados los ceramistas abonaron la teoría de que los «infiltrados» provenían del partido gobernante, el Movimiento Popular Neuquino (MPN) que lidera Sobisch y que los «supuestos obreros de la construcción» no eran otros que «punteros políticos que manejan planes sociales». Para evitar suspicacias, el cacique de los petroleros, Guillermo Pereyra, se refugió en Buenos Aires. Es que el gobierno provincial se queja que el sindicalista opera a favor del kirchnerismo y del candidato MPN a gobernador 2007, Jorge Sapag, y en contra de Sobisch, candidato a presidente.
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