Neuquén (de nuestra agencia) - Tras la alarma desatada por la erupción del volcán chileno Llaima ocurrida el martes pasado, los aeropuertos de Neuquén y Viedma (Río Negro) volvieron ayer a operar normalmente, superando la cancelación de vuelos sufrida a causa de la nube de cenizas que cruzó por la Patagonia desde la cordillera de los Andes y que en la noche del miércoles se esparció en el océano Atlántico, a la altura de Río Negro. Más allá de la recuperación de los aeropuertos patagónicos, en Chile se mantenía la situación de alarma, ya que a las 11.20 hora local el Llaima -ubicado en el Parque Nacional Conguillio, a 50 kilómetros de la frontera con la Argentina- lanzó una densa columna de humo a 300 metros sobre su cráter y, más tarde, a las 13, lanzó otra a 4.500 metros, que el viento desplazó hacia territorio argentino, según informó la chilena Oficina Nacional de Emergencia (Onemi). Las autoridades locales mantienen la situación de alerta amarilla en la zona, en previsión de un recrudecimiento de la erupción. De este lado de la cordillera, el gobernador Jorge Sapag expresó ayer que «el problema causado por la erupción no hay que dramatizarlo ni desmerecerlo, sino estar atentos y tomar todas las medidas de precaución. Si se dramatiza, significa alejar al turismo, significa sembrar el miedo en la población, significa un montón de perjuicios que nada tienen que ver con la realidad, por eso hay que manejarse con la verdad». Mediante una comunicación telefónica con este diario, Sapag reiteró sus mensajes de tranquilidad y aseguró que «no hay motivos para estar preocupados». Al mismo tiempo, desde el Ministerio de Acción Social, a cargo de Walter Jonson, se adoptaron distintas medidas en los hospitales y centros asistenciales para prevenir demandas de los pobladores, especialmente asegurar la provisión de agua potable. El gobernador neuquino se encuentra instalado con parte de su gabinete en Villa Pehuenia, en la zona de influencia de las emisiones del volcán; en tanto que también mantiene contacto permanente con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y con la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, quien despachó un equipo de especialistas para analizar las consecuencias que pudo haber traído sobre la flora y la fauna el paso de la nube.
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