En los últimos años, las notas de los principales portales de noticias de nuestro país dan cuenta de los problemas de una macroeconomía que parece acostumbrarse a convivir con escasez de divisas, alta inflación y los problemas que esta coyuntura dispara. Pero, en paralelo, ocurren cosas que pueden facilitar la construcción de un puente entre este presente y un futuro capaz de cambiar la agenda.
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- Anuario 2023
La biotecnología como un puente hacia el futuro
En abril de este año, China aprobó la soja tolerante a sequía desarrollada por la investigadora del Conicet Raquel Chan, lo que constitituye un hito global al ser el primer evento biotecnológico no desarrollado por una de las grandes empresas del rubro aprobado en ese país. Eso no fue todo, en mayo el trigo con el mismo gen fue liberado definitivamente por el gobierno argentino. A esto se sumaron luego el visto bueno del FDA de Estados Unidos y las administraciones de Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Nigeria, entre otros, una verdadera catarata de aprobaciones que sólo reafirma el rol de liderazgo de nuestro país en ciencia y tecnología a nivel regional. Para ponerlo en números, somos uno de los 7 países del mundo que logró desarrollar cultivos transgénicos, en este caso, diseñado para enfrentar el cambio climático. Nada mal.
Potencial
Pero eso no es todo, ni estas líneas se tratan únicamente del presente que viven el trigo y la soja tolerantes a la sequía. Más allá de los test para detectar el covid-19 o la producción de vacunas, Argentina tiene un historial diferencial en desarrollos científicos. Los tres premios Nobel en ciencias de la vida dan cuenta de ello tanto como la creación de startups de base biotecnológica en los últimos años. Según datos de la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), este tipo de empresas asociadas pasaron de 20 en 2020 a 75 en 2022, más de un 300 por ciento de crecimiento en sólo dos años.
Hoy no es descabellado pensar que respuestas a problemas actuales en materia de salud puedan venir, por ejemplo, de empresas surgidas en Argentina. Inclusive, sin pecar de demasiado optimistas, podemos imaginar que respuestas a problemas que aún no podemos registrar ya están gestándose aquí, entre nuestros emprendedores y nuestros científicos. Tenemos un ecosistema formado por un Estado que invierte en ciencia básica, fondos de capital de riesgo, emprendedores y una experiencia acumulada que nos dan un sentido de oportunidad bastante excepcional.
Este crecimiento requiere de dos puntos fundamentales. El primero, profundizar las políticas públicas que estimulen la transferencia de conocimiento y creación de empresas para retroalimentar un sistema de investigación capaz de fortalecer esta fuente de conocimiento y valor. Luego, un andamiaje regulatorio ágil que nos permita que ese valor quede en el país y estimule la creación de ecosistemas locales. De este modo podremos consolidar un sector biotecnológico que aporte soluciones y horizonte futuro a nuestra agenda cotidiana.


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