En “Asfixiados”, retrato de un matrimonio, dos parejas salen de paseo en un yate: el dueño, neurótico, egocéntrico, desconsiderado, que a cierta altura descubre ser “el rey de los pelotudos” (algo de lo que el público ya se dio cuenta desde la primera escena). Su esposa es la reina. Se lastiman todo el día pero al final se quieren. Con ellos van el socio y amigo del productor, que por algo es socio y amigo, y su novia circunstancial, jovencita, que dice ser artista.
Para pintar a los cuatro, esta película tiene cuatro guionistas. Que habrán trabajado dos días cada uno sin mirar en detalle lo que escribieron los otros. Así es como en una escena se para el motor, el dueño busca las herramientas, no saca ninguna, sale a cubierta y, qué cosa rara, el motor ya se arregló solo y nadie se sorprende ni menciona el desperfecto. Hay dislates peores, y un desenlace de los peores, todo lo cual puede resultar muy divertido para quien no haya pagado la entrada. Del resto, hay lindas imágenes en mar abierto y tres temas musicales que acompañan, al parecer, los sentimientos de algunos personajes: “Et pourtant” de Aznavour, donde un miembro de la pareja anuncia que se toma el buque, “Adoro”, de Manzanero, donde el sujeto se derrite hasta por el modo en que su amada le riñe, y “Se tu non fossi bella come sei”, de Ferrio y Bongusto, que acompañaba los tiros de “Un dólar marcado” y los “lentos” de los ’60. Y por ahí aparece Natalia Oreiro, pero si al espectador justo se le cayó algo y se inclinó a buscarlo, ya se la perdió.
“Asfixiados” (Arg.-Ur., 2023); Dir.: L. Podcaminsky; Int.: L. Sbaraglia, J. Díaz, M.A. Caponi, Z. Hochbaum.
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