París (EFE) - Los riesgos de la propagación en el mundo del mal de la «vaca loca» ante la liberalización del comercio mundial generado por la globalización se debatió en la conferencia de expertos de la OIE, la OMS y la FAO iniciada ayer. Los representantes de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE), la Organización Mun-dial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que participan en la reunión discutirán hasta el próximo jueves en París sobre la crisis de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB). El director ejecutivo de enfermedades transmisibles de la OMS, David Heymann, subrayó que «no se puede negar que animales vivos potencialmente infectados y alimentos humanos y animales potencialmente contaminados salieron fuera de las fronteras de los países en los que se reconoció oficialmente la EEB». Heymann insistió en la urgencia de tomar medidas de forma armonizada a escala mundial porque, en razón de la generalización del comercio, muchos de los países que reciben alimentos potencialmente contaminados no hicieron análisis de riesgo y no tienen capacidad de vigilancia sobre la propagación de la enfermedad.
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Subrayó las lagunas científicas que todavía planean sobre esta epidemia y las consecuencias que tuvieron en términos de salud humana y animal, y en cuanto a la confianza de los consumidores hacia el sector ganadero.
Recordó asimismo que desde la identificación de la EEB en 1986 «quedó claro que el potencial de la enfermedad para atravesar las barreras de las especies e infectar a los humanos fue subestimado». «El agente no fue definitivamente identificado, no tenemos una forma de detectar si las personas o los alimentos están contaminados, no conocemos el período de incubación (salvo decir que es largo) y no sabemos cuánta gente morirá a causa de la versión humana del mal de la 'vaca loca'», añadió.
Importancia
El director general de la OIE, Bernard Vallat, coincidió en que «la lucha contra la EEB es y debe ser considerada prioritaria por nuestras tres organizaciones», debido al riesgo de «una posible extensión muy lejos del país de origen, porque constituye una amenaza para la salud pública y también porque contribuye a minar la confianza hacia la comunidad científica».
Explicó que el tiempo entre la incubación y la progresión de la enfermedad y el conocimiento científico sobre ella, y la dificultad para «proponer en tiempo útil las decisiones apropiadas de gestión de riesgo son, en gran medida, responsables de la pérdida de confianza de los ciudadanos, desorientados por la cacofonía planetaria de la comunicación sobre los riesgos conocidos o supuestos».
Recordó que la OIE en su «Código zoosanitario» incluye un capítulo para evitar la difusión de la enfermedad por las exportaciones de animales o de productos derivados y manifestó su esperanza en que «la publicación de los resultados de esta conferencia contribuirá a armonizar la comunicación internacional sobre los riesgos vinculados a la EEB».
Por su parte, el director de la División Sanitaria de la FAO, Samuel Jutzi, afirmó que «el trabajo que hay que hacer es enorme, como lo muestra que la ganadería en Europa nunca había tenido que hacer frente a una situación similar de desconfianza de los consumidores y de la sociedad en general».
Jutzi señaló que «las fuerzas del libre mercado no supieron tener en cuenta los factores biológicos y ecológicos para mitigar los riesgos de propagación de la epidemia, por lo que hace falta un marco de regulación más estricto de forma urgente». «Sobre todo teniendo en cuenta que se espera que la producción de carne se doblará a nivel mundial en los próximos 20 años», añadió. «La liberalización del mercado y la globalización pueden, en ausencia de una regulación reforzada, contribuir a la extensión por todo el mundo (de la EEB) y a la amplificación de los riesgos», advirtió.