Todo indica que la industria láctea estaría saliendo de la depresión en la que estuvo sumida por largo tiempo. El último informe de la secretaría del ramo informa que entre enero y marzo de este año la actividad experimentó un repunte de 15,8% en relación con el mismo período del año anterior, lo que permitió que la utilización de la capacidad instalada en la industria se elevara hasta 60%. Si bien el mercado interno se encuentra todavía deprimido en relación con sus niveles históricos de consumo, la exportación se perfila como una salida con buenas perspectivas.
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En efecto, la intensa actividad para ganar nuevos mercados dio como resultado que en 2002 y en 2003 la industria se posicionara en más de 100 mercados externos.
En los primeros cinco meses de este año, la certificación de exportaciones de productos lácteos sobrepasó las 87 mil toneladas por un valor de 167,5 millones de dólares, hecho que significa 28% de aumento en el volumen y 57% en divisas con respecto al mismo período del año anterior. Los principales destinos en las exportaciones de leches bovinas en polvo fueron Argelia, con 22 mil toneladas; Venezuela, con 8.500; Brasil; y México, sumando 66 mil toneladas por un valor de 127 millones de dólares. En cuanto a los quesos, las ventas al exterior totalizaron 10,6 miles de toneladas por un valor de 25,6 millones de dólares. Otros productos (dulce de leche, mantecas y sueros) produjeron 14,8 millones de dólares más.
Sin embargo, no todas son rosas, ya que las exportaciones sólo representan aproximadamente-15% de la producción total de lácteos. El Centro de la Industria Lechera estima un crecimiento del sector para el próximo quinquenio de sólo 3% a 4% anual, y si se cumplieran estas predicciones, tomaría más de 10 años recuperar los niveles alcanzados en 1999.
El problema central es la recomposición de los rodeos lecheros que sufrieron un fuerte achicamiento y, por consiguiente, la correlativa disminución de la materia prima, en virtud de la mayor rentabilidad comparativa de la agricultura. Desde el punto de vista del productor que podía optar entre leche y soja, se advertía que esta última era mucho más conveniente, lo que implica que el punto de equilibrio hubiera sido un incremento en el precio de la leche que igualara las rentabilidades.
Pero esto no fue posible para una industria con un mercado consumidor con ingresos muy deprimidos. Y hasta tal punto es así, que desde la salida de la convertibilidad el precio de la leche se incrementó 220%, mientras para el mismo período el índice de precios mayoristas de los productos lácteos trepó solamente 97%.Y, es obvio, estas relaciones marcan una absorción de precios por parte de la industria, pero también un fuerte incremento de su productividad.
Se concluye, entonces, que de no mediar un sustantivo incremento del poder adquisitivo interno, la recuperación proseguirá pero a un ritmo suave, pues no están dadas las condiciones para que se incorporen masivamente nuevos tambos o ampliaciones relevantes en la actividad.
Hasta ahora, las perspectivas de desarrollo en la producción primaria están centradas casi exclusivamente en el crecimiento de la productividad de los tambos existentes.
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