Complicado panorama para los productores ganaderos
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La Justicia habilitó a Nueva Vicentin a reactivar las plantas de Algodonera Avellaneda
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Cómo fue el plan agropecuario de la dictadura y qué impacto tuvo
Los productores
ganaderos
están
preocupados
por posibles
retenciones
y por la
intervención
de medidas
impuestas
por el
gobierno.
Evidentemente Uruguay fue acompañado por su ex presidente Batlle a los foros internacionales para explicar lo que sucedía en los fatídicos 2000-2001, muy distinto de lo que ocurrió acá con el maldito virus ST (Silencio Tramposo), que nos dejó fuera de mercados que todavía no pudimos recuperar, como Estados Unidos.
• Población
Donde hay una vaca, hay una persona, y ésta no vive sola sino que la acompaña su familia, posibilitando la permanencia de una población rural. A su vez permite el desarrollo de recursos humanos con empleos de distinto tipo, como molineros, alambradores, transportistas, aserraderos, negocios agroveterinarios y de semillas e insumos, por citar a algunos que no hacen más que desarrollar la cadena agroindustrial. Ni en el campo ni en los frigoríficos a los hombres se los podrá reemplazar por robots; esto, lejos de ser un problema, es una fortaleza que debería tenerse más en cuenta.
Tampoco podemos olvidarnos de que el sistema mixto actúa como verdadero catalizador para una agricultura mejor; de allí la imperiosa necesidad de brindar seguridad al hombre de campo y a su familia con la consecuente cobertura social adecuada. Como todos sabemos, ninguna de las dos es óptima, y la primera llega al borde del abismo. Ahora, vamos a las retenciones artificiales, donde sí actúa el hombre, o señores funcionarios que pasan pero dejan las consecuencias nefastas para los que quedamos.
Con los falsos derechos de exportación se construye el éxodo de la población rural. Nunca olvidemos que de nietos de inmigrantes podemos llegar a ser en el corto plazo padres y/o abuelos de emigrados.
Esta huida es favorable para el auge del monocultivo, con las consecuencias funestas de desertificación y/o inundación según los casos. Es conocido que nunca propiciamos la faena de animales de bajo peso, pero nos parece descolgado pretender prohibirla.
Es hora de proponer, premiar y/o castigar si fuera necesario. La meseta productiva de nuestra ganadería se revertirá con reglas claras de juego. No olvidemos nunca que un decreto o reglamentación se hace de un plumazo y que el ciclo productivo no tiene el mismo tiempo, pero sí sufre los embates del mismo. De allí que con un plan ganadero nacional, con estímulos y también con penas, el productor sabría a qué atenerse. Lamentamos la no puesta en funcionamiento del mismo, por designio de Economía, razón una vez más para tener un Ministerio del Campo, con voz, voto y fuerza.
Si somos el motor, cómo vamos a estar ausentes en esa carrocería; evidentemente, si no estamos en ella, ese auto no funcionará. Permítannos una reflexión: ser activos, fuentes de riqueza, verdaderos generadores de empleo y desarrollo no siempre es bien interpretado. Será que las buenas noticias tardan más en difundirse, por ello tratamos con toda nuestra fuerza y voluntad de ser comprendidos. De persistir y/o aumentar las retenciones al sector cárnico y a cualquier otro de la cadena productiva (lechería, granos y oleaginosas), lo único que se hace es demorar el crecimiento. La amnesia es una enfermedad tan mala y cruel como la aftosa; por ello, no tener memoria y no reconocer al campo todo su potencial es evadir responsabilidades, frenar el presente y condicionar e hipotecar el futuro.
A nosotros, productores, se nos acusa de evasores. ¿Pero alguien nos dijo a ciencia cierta a dónde va detalladamente y minuciosamente todo lo que nos confiscan con las retenciones e impuestos distorsivos? ¿O será que nos eluden o evaden?



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