Continúan problemas en campos por inundaciones

Campo

Las extraordinarias lluvias que provocaron pérdidas importantes en la producción agropecuaria en diferentes regiones de la Argentina, tienen su correlato en otras cuestiones a la hora de evaluar su verdadero impacto.

«Para muchos productores la situación es crítica: debieron cerrar sus tambos, perdieron grandes superficies de pasturas y cultivos agrícolas, debieron llevar la hacienda a campos con instalaciones inadecuadas y se preparan para un invierno difícil, con déficits significativos de forraje. En otros casos, debieron postergar la cosecha hasta contar con piso para entrar con las máquinas, con caídas en los rendimientos, o comenzaron a trillar los granos con altos niveles de humedad, pagando mayores costos por el acondicionamiento», según informó un comunicado de prensa de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA).

Estos son sólo algunos de los problemas. «Lo cierto es que, una vez que el clima se normalice, los productores retomarán su actividad con dificultades, estarán obligados a hacer nuevas inversiones y necesitarán varias campañas para volver a producir con el ritmo anterior» continuó el comunicado de AACREA.

Además, existen otros problemas que también tardarán un largo tiempo en solucionarse. Estas cuestiones se relacionan con el desempleo, con la fuerte caída de la actividad económica y con el gran deterioro de la infraestructura zonal, entre otros aspectos.

En muchas localidades de las zonas anegadas, la falta de trabajo volvió a convertirse en un fantasma temido por empresarios y empleados rurales, entre los que figuran tamberos medieros, tractoristas y transportistas. Lo cierto es que, hasta hace apenas dos meses, en muchas comunidades del país se pasó de una situación de pleno empleo a una gran cantidad de personas que no tienen trabajo, al menos mientras dure el efecto del fenómeno meteorológico.

  • Retracción

    Al mismo tiempo, la caída de producción produjo una fuerte retracción económica. «El tambero que tiene parte de su campo anegado y otra parte con pasturas destruidas por el sobrepastoreo, produce 800 litros de leche por día en vez de los 2.000 normales. Con ese ingreso reducido, además, debe hacer frente a mayores costos de alimentación», afirmó Ricardo Gallo, vocal de la región Santa Fe Centro de AACREA.

    Mientras tanto, la infraestructura zonal quedó muy deteriorada por el avance del agua. La inundación se llevó varios puentes, que no han sido reparados rápidamente por las autoridades nacionales o provinciales. Las rutas asfaltadas quedaron onduladas y con baches por el paso de camiones de 30.000 kilos sobre suelo húmedo y, en algunos lugares, los vehículos tienen que avanzar a paso de hombre. Hasta las vías de los ferrocarriles, famosas por ser tradicionalmente inalcanzables por el agua, esta vez fueron afectadas.

    Los hermanos Ricardo Alberto y Juan Manuel Bressi, miembros del CREA Centro Oeste Santafesino, son parte de una familia con tres generaciones de tamberos, que administran unas 800 hectáreas en el centro de la provincia de Santa Fe, donde poseen dos tambos (que incluyen recría de vaquillonas) y una superficie dedicada a la agricultura. En las últimas campañas, obtuvieron los más altos resultados productivos y económicos del CREA y de la zona, pero su futuro está comprometido.

    El 23 de marzo empezó a llover fuerte en la zona. En sólo cuatro días, cayeron 400 milímetros sobre su campo, equivalentes a 50% de la media anual, y no paró. Desde diciembre de 2006 hasta fines de abril llovió más de 1.200 milímetros. «Tengo 83 años y nunca vi una inundación como ésta», aseguró Manuel Bressi, el padre de Juan Manuel.

  • Costos

    La situación es difícil. Los Bressi aseguran que para estabilizar la explotación necesitan entre cuatro o cinco años, y advierten que los costos para instalar un establecimiento lechero son muy altos: «Hacer una hectárea de soja cuesta 500 pesos, mientras que una de tambo significa 3.000 pesos de gastos».

    Por otra parte, Rodolfo Zechner, del CREA San Martín de las Escobas-Colonia Belgrano, que desarrolla un sistema de producción orgánica, con ganadería de carne y leche, además de agricultura apuntó que «la mayor parte del agua se generó muy rápido y no pudo drenar. Los caminos de tierra se borraron, las rutas quedaron cortadas y estuvimos casi incomunicados».

    «Perdimos 1.000 rollos (con un valor de 100 pesos cada uno) y dos bolsas con granos que quedaron bajo el agua», aseguró.

    «Las inundaciones afectaron incluso a las vías del ferrocarril», advirtió Ricardo Gallo, quien, además, demanda por parte de las autoridades, inversiones en obras de infraestructura y no sólo « golpes de efecto, como el anuncio del tren bala que prevén construir entre Buenos Aires y Rosario».

    «Hoy tenemos las napas a flor de tierra. En la zona, que pertenece a una cuenca de 200.000 hectáreas en el centro oeste santafesino, la producción en los tambos bajó casi 40%, se perdió 80% de las pasturas y 30% de los cultivos», sintetizó.

  • Pérdidas totales

    La provincia de Entre Ríos fue otra de las regiones muy afectadas por el agua. En la zona de Gualeguay, por ejemplo, llovieron 500 milímetros en apenas dos días. «Está inundada toda la superficie del Delta y las cuencas de los ríos y arroyos, y esto afecta básicamente a la ganadería. En las partes altas hay más pérdidas de producción por el exceso de lluvias que por anegamiento. En los campos bajos, en cambio, las pérdidas son totales», explicó Rolf Müller, coordinador de la zona Litoral Sur de AACREA.

    «Además, durante abril y parte de mayo siguió lloviendo, con lo cual las cosechas siguen atrasadas y, si no mejora el tiempo, las mermas en la producción van a ser muy importantes en todas las actividades», afirmó.

    La crecida del Paraná, que venía complicando a los productores con anterioridad, intensificó el efecto de las lluvias sobre los campos linderos a los ríos. Pero la situación es aún más grave en las islas, que en los últimos años experimentaron un fuerte crecimiento de la actividad ganadera y, en muchos casos, aún no cuentan con infraestructura de transporte suficiente frente a las 900.000 cabezas que tuvieron que llevar a tierra firme en los momentos pico de lluvias.

    En los tambos, el exceso de precipitaciones generó una baja de producción de 20% a 50%, según zonas (con lo cual hubo que secar vacas de manera anticipada) y se perdió un porcentaje similar de praderas.

    La soja fue el cultivo más afectado, principalmente en la calidad del grano. «Tenemos entre 10% y 40% de los granos dañados y atrasos en la cosecha de maíz, con lotes con granos brotados. En los cultivos de sorgo se repite este problema, con 50%-60% de brotado, con lo cual la mercadería no es recibida por los acopiadores», señaló el productor.

    Según Juan Pablo Duvillard, miembro del CREA Victoria, «el agua también barrió con los códigos, con compromisos verbales que funcionaron durante mucho tiempo pero que se perdieron con el caos de las inundaciones».

    El proceso de agriculturización que vivió la zona, sumado a la falta de incentivos de la ganadería, lo llevó a optar por sembrar más granos y desplazar la hacienda hacia campos bajos e islas.
  • Dejá tu comentario