Campo depende, cada vez más, de los fertilizantes
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La deficiencia de fósforo constituye una alarma en el sector agrícola ya que la soja necesita 8 kilogramos para producir una tonelada de grano y sólo recibe 16%, el maíz necesita cuatro kilos y se le aplica 67%; mientras que el girasol requiere de 5 kilogramos, pero la fertilización le da 40% de lo que necesita absorber.
El ingeniero Roberto Casas, del Instituto de Suelos del Instituto Nacional de Experimentación Agrícola (INTA) Castelar, considera que la baja reposición de fósforo llevó a la reducción de una parte por millón por hectárea por año (un miligramo de fósforo por kilo de suelo) en el norte bonaerense y de dos partes por millón por hectárea por año, en el oeste bonaerense.
La Asociación Civil Fertilizar, que maneja la red de transferencia tecnológica a los productores a través de la difusión, analiza que la extracción de nutrientes por parte de la soja fue en 2007 de unos 1.600 millones de dólares, y que la fertilización de ese cultivo sólo repuso 350 millones de dólares.
En la cuenta que surge de transformar a fertilizantes los nutrientes extraídos por la planta y valorarlos en dólares, el balance en el maíz fue negativo: la extracción se calcula en 600 millones de dólares con una reposición de 190 millones de dólares, mientras que en trigo se cubrieron las expectativas.
En lotes con suelos intoxicados luego de 35 años de agricultura, el INTA comprobó que el contenido de calcio se redujo 20% y el magnesio en 50%, durante los últimos 35 años.
El Plan Nacional de Remineralización de Suelos impulsado por el INTA y la Secretaría de Minería de la Nación apunta a dotar a los cultivos de calcio, boro, turba y otros elementos disponibles en distintas provincias argentinas, desde Jujuy hasta las provincias patagónicas.
En Santiago del Estero hay emprendimientos privados en canteras donde se extrae el yeso que se comercializa a productores sojeros.
La acidificación y compactación de los suelos no favorecen el metabolismo de las plantas, lo que motivó la aparición en escena de una nueva generación de fertilizantes naturales ( aminoácidos, algas, concentrados vegetales), biológicos (bacterias fijadoras y solubilizadoras de nutrientes) y orgánicos.
Se trata de productos que movilizan los nutrientes y dotan de mayor estructura y resistencia a las enfermedades a las plantas, demanda que fue sostenida hasta el momento por pequeñas compañías que se abren camino a pequeños saltos en la industria.
Finalmente, los especialistas coinciden que la ventana que se abrió para los fertilizantes foliares es muy grande ya que aportan micronutrientes (zinc, boro, molibdeno, hierro, entre otros, a través de las hojas) y permiten un aumento de rinde de hasta 300 kilogramos por hectárea, según los cultivos.
El ensayo de nuevas estrategias de fertilización campea en la nueva temporada -coinciden los analistas- porque el productor argentino tiene mayor conciencia de que la soja no puede depender exclusivamente de los nutrientes aplicados a los cultivos que le precedieron.


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