... que la Secretaría de Agricultura sigue revolucionada por el abrupto cambio de autoridades. Tras la formalización el jueves, con la asunción de Haroldo Lebed, lejos de aquietarse las aguas, se agitaron más aún. El área desde hace 4 años presenta la rara performance de cambiar de equipos, en promedio, cada 6 meses, y fueron quedando restos de cada gestión. Así, hay contratados de grupos tan disímiles como los de los cordobeses delasotistas Ricardo Novo o Gumersindo Alonso, hasta gente del radical pampeano Antonio Berhongaray, del cavallista Marcelo Regúnaga, del peronista santafesino Carlos Reutemann, o del radical bonaerense Leopoldo Moreau (que nunca tuvo cargo en esa cartera, pero que muchas veces tuvo que ver con varios de los nombramientos mayores). Prácticamente todos quieren «anudar» con los nuevos para mantener sus contratos y asegurar su continuidad, lo que incluye a los propios subsecretarios del saliente Rafael Delpech, aunque ninguno de los tres había sido nombrado por él, sino que fueron «heredados» de gestiones anteriores, o impuestos por algún sector. Y, si bien la intención inicial de Lebed era un recambio completo de las «primeras espadas» (en parte, por los magros resultados de la gestión de estos funcionarios), habitualmente es muy difícil que sea el secretario de Agricultura quien determine el cargo de subsecretario de Pesca, mientras que en el área de Producción se rumoreó con insistencia que Marcelo Quevedo Carrillo, el tabacalero jujeño que viene de la gestión de Adolfo Rodríguez Saá, con respaldo -al menos en aquel momentode la Liga de Gobernadores del Norte, nuevamente había conseguido «zafar» de la limpieza. Para lograrlo, hasta el ex gobernador salteño Roberto Ulloa habría participado de las negociaciones.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
... que una suerte dispar podría correr Roberto Domenech, en la otrora poderosa Subsecretaría de Alimentación y Mercados. El caso es que si Lebed asume sin contar con ningún subsecretario propio, ya entra demasiado debilitado (algo que también les ocurrió a Delpech y a Miguel Paulón). Los cambios, naturalmente, también alcanzarán a los descentralizados como el INTA y el SENASA. En el primer caso, la figura más comprometida es la del vicepresidente, el radical Jorge Elustondo, ex miembro del equipo del cordobés Mestre durante la intervención a Corrientes, donde no dejó muy buenos recuerdos, aunque ahora el relevo no se daría especialmente por esta razón, sino por las intensas gestiones que el propio ex presidente Raúl Alfonsín habría hecho por él y que, más que un favor, le habrían jugado totalmente en contra si bien hasta no hace demasiado alfonsinistas y duhaldistas eran aliados. ... que, por el lado del SENASA, la ratificación inmediata de Bernardo Cané en el cargo no hizo más que dar cuerpo a las versiones que indicaban que Felipe Solá había pedido «especialmente» por su continuidad, lo que sorprendió a más de uno que recuerda el feroz enfrentamiento que hubo entre ambos, antes y después de que Solá lo echara de la titularidad de ese mismo organismo, a fines del '96. Igualmente, la gestión no promete ser simple para Lebed, que enfrenta una cartera totalmente desmantelada y llena de contratados. De hecho, no hay ningún director nacional concursado y, prácticamente, hay un solo director. Los principales técnicos de carrera se fueron alejando del área corridos por los puestos políticos, el toqueteado organigrama no se respeta y cada uno se «pasa» con el funcionario más afín, aunque sin ninguna lógica administrativa, mientras que hasta los gremios estatales como ATE o UPCN reconocen que «no hay reclamos gremiales porque no sabemos a quién hacérselos». Esto mismo también respaldaría el rumor que indica que se está reclutando un «equipo satélite para el Turco (Lebed)», que sería el verdadero encargado de la definición política y estratégica de Agricultura, y cuyos miembros trabajarían ad honorem fuera de la sede de Paseo Colón...
... que la caída de los precios en dólares de la carne en Uruguay, donde los valores prácticamente se redujeron a la mitad (de u$s 0,90 el kilo a 0,45-0,50), produjo la casi inmovilidad del mercado ganadero oriental, llegando hasta la suspensión de muchos de los remates-feria. A diferencia de la Argentina, donde si bien se dio una situación similar, la pesificación con el consecuente aumento de los valores en pesos de la hacienda «conformó» a los productores, allá ocurrió lo contrario, con el agravante de que la demanda local no «tira» como en la Argentina. «Estamos como ustedes en febrero pasado. Nadie hace nada y, como llovió algo, todos esperan, aunque no saben qué», reconocía estos días un activo operador de la Banda Oriental.
Dejá tu comentario