29 de agosto 2005 - 00:00

Dicen en el campo...

Alfredo Chiaradía
Alfredo Chiaradía
... que la semana no dio respiro por la cantidad de reuniones, actos, jornadas, congresos y, para colmo, conferencias de prensa que ahora el gobierno, más mediático que nunca, ofrece con cualquier excusa, todo a favor de los tiempos preeleccionarios. Lamentablemente, como dice la ley de Murphy: «Si algo puede empeorar... empeora». El saldo para el campo distó de ser bueno. Sólo el clima, con algunas lluvias en las zonas más críticas de sequía (que, de todos modos, no fueron suficientes hasta ahora), puso algo del lado positivo de la balanza. Pero los ya repetitivos «enojos» del ministro Roberto Lavagna con el campo, la insólita tergiversación oficial de datos, el avance de más medidas dirigistas como la del peso mínimo de faena y otras «yerbas» del mismo tenor que se van haciendo ya habituales terminaron con las buenas intenciones de los dirigentes sectoriales que, en forma generalizada, comenzaron a retrucarle al titular de Economía. Naturalmente, no fueron los únicos; también varios de sus pares economistas, tras superar el desconcierto de las declaraciones y, a pesar del «espíritu de cuerpo» que por lo general reúne a estos técnicos, esta vez «saltaron el cerco» y, en el mejor de los casos, lo desmintieron.

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• ... que aun así, la pregunta más generalizada en los últimos días es: ¿Qué hay detrás de la actitud de Lavagna? Es sabido que no es demasiado lo que le aportan sus funcionarios de la Secretaría de Agricultura; al contrario. Pero esto puede inducirlo a errores respecto de la operatoria del sector (lo que efectivamente también volvió a suceder). Sin embargo, el calibre de los « errores» supera las anodinas o mal planteadas propuestas de la SAGPyA, e ingresa en el terreno de los desatinos conceptuales, algo que el ministro se empeña en señalar en los demás, pero en lo cual incurre con harta frecuencia. Se lo nota molesto y hasta incómodo. De ahí que no sorprendiera tanto que en las jornadas de la exportación, que organiza anualmente CERA, haya vuelto a adoptar un «discurso» mucho más de canciller, refiriéndose a las negociaciones internacionales, que de su rol de titular de Economía. Al margen de sus pretensiones personales, por un lado, fue mejor así ya que la presentación hecha por la gente del Palacio San Martín, donde aún opera el ahora candidato a diputado por el kirchnerismo, Rafael Bielsa, dejó bastante que desear. Por ejemplo, el encargado de las negociaciones internacionales, Alfredo Chiaradía, destacó la «agilidad» de las negociaciones, lo cual desconcertó y hasta arrancó algunas risitas solapadas de parte de los asistentes. «Pero si ni la Cancillería, ni el SENASA están dando respuestas.» «Los temas pendientes siguen acumulándose, y no hay interlocutores.» «No se puede decir que las negociaciones anden bien, ya que algunas ni andan, y otras, como la de la India, fue penosa pues sobre un universo de un millón de productos, la Argentina sólo logró negociar alrededor de 300 y de esos, casi ninguno del campo», fueron algunos de los conceptos que vertían los asistentes en los corrillos.

Naturalmente, tanto allí como en la jornada de MAIZAR (el maíz volverá retroceder en esta campaña), en el congreso de la Federación Agraria que comanda el ahora muy discutido Eduardo Buzzi, o en las de supermercadismo (adonde Lavagna no pudo concurrir por la presencia de piqueteros), el factor común era la misma pregunta: «¿Desde cuándo es pecaminoso que una actividad tenga margen positivo o ganancia?», decían en alusión a los embates de Economía sobre el campo por que, supuestamente, «tiene ganancias». «¿Entonces porqué Lavagna no se baja el sueldo y los honorarias a la mitad?». «¿Para qué quiere tanta plata?», decían los empresarios con sarcasmo.

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... que, sin duda, el sector ganadero fue el más «nervioso» de todos, ya que nadie entiende muy bien la razón de las limitaciones impuestas desde el gobierno para la faena de animales chicos. Aunque todos coinciden en la necesidad de aumentar la producción de carne, se descarta que la forma elegida será tan inconducente como los acuerdos de precios y obtendrá el mismo resultado nulo. En medio, se alterará la comercialización y se descuenta que en los primeros meses -noviembre y diciembre- habría suba en los precios del producto para los consumidores (y ésta sería la causa por la cual la corrieron de octubre, mes de las elecciones). De ahí que algunos sospechen que se adoptó para justificar la posterior suba de los impuestos a la exportación, algo que los frigoríficos temen más que nada en el mundo. De hecho, las autoridades ya adelantaron esa posibilidad. Otros creen ver en la medida una forma forzada de aumentar los kilos de carne vacuna ante la reapertura del mercado estadounidense en los primeros meses del año próximo, lo que, por la cotización en aquel país, tendría un efecto alcista adicional sobre los precios internos, tal como ocurrió en Uruguay. El caso es que aunque aquí se trató de no «acelerar» demasiado esa gestión, los estadounidenses son muy poco «elásticos» para dilatar los tiempos formales de las negociaciones técnicas y estarían comenzando a presionar con las respuestas pendientes.
También parece que desde Europa están apurando algunas informaciones oficiales, ya que la temible OLAF, la oficina antifraude del Viejo Continente (aquella de los certificados de Hilton «truchos»), tendría en la mira a algunos establecimientos locales, aunque en este caso no serían de carne vacuna...

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