Dicen en el campo...

Campo

  • ... que las diferencias por el origen de los fondos fue lo que impidió que el anuncio de las compensaciones (subsidios, según los funcionarios) para la ganadería se agregara a los del trigo, maíz, y las refinanciaciones del Banco Nación. Es que la propuesta original implicaba la «suba» de los actuales impuestos a la exportación para generar el fondo que después se distribuiría -parcialmente-. Algunos dirigentes dijeron que no, y el tema quedó en «stand-by» junto con los mecanismos para instrumentar lo ya establecido. Para la nueva cúpula agropecuaria parecen muy lejanas las felicitaciones, saludos y sonrisas del día de la asunción de Javier María de Urquiza como secretario de Agricultura. «También está mamá, con sus jóvenes 86 años...»; «¡¡85!!»,»¡¡son 85!!», corrigió en voz bien alta la coqueta señora, que no era otra que su madre. La situación, que arrancó risas a varios de los que lo presenciaron, fue uno de los hechos curiosos de ese acto. El otro, habría sido la frase: «Sabés que ahora quedás muy debilitada...», que le atribuían al saliente Miguel Santiago Campos al comunicarse con su superior inmediata, la ministra Felisa Josefina Miceli, al conocer que finalmente lograban alejarlo del cargo. De ser cierto, evidentemente Campos no pierde el sentido del humor, ni en los peores momentos. De todos modos, para mostrar que todo era normal, concurrió al acto de asunción de su adversario en los últimos tres años y medio, pero tuvo la precaución de sentarse en la primera fila, y en la punta más cercana a la puerta del Salón Padilla, por lo que se pudo « deslizar» rápidamente, no bien terminó el discurso -el único-, de Miceli, sin que nadie pudiera decirle nada... Otro que también se fue pronto, y que no lucía, justamente, de muy buen humor, fue el gobernador Felipe Solá, otrora impulsor de Campos para la cartera agropecuaria.

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  • ... que algunos comentaban que, a pesar de pertenecer al más rancio « círculo» austral, De Urquiza no tuvo la suerte de Campos. Es que mientras éste asumió en 2003 ante el presidente Néstor Kirchner, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, De Urquiza se tuvo que conformar con el Padilla en el Ministerio de Economía y, para colmo en acto compartido, con Ariel Basteiro de Aerolíneas, y Sergio Chodos, como Secretario de Finanzas. Tampoco pudo hablar, ya que sólo la ministra tuvo ese privilegio. Igual se lo veía feliz e inmutable ante el martes 13 y, para compensarse, tuvo un festejo con medio centenar de «íntimos» en la sede de la SAGPyA que sólo pudieron acceder a alguna modestísima empanada, a pesar de lo avanzado del mediodía. Pero la alegría y distensión de De Urquiza duró bien poco. Casi inmediatamente comenzaron las presiones, como la consulta sobre su actitud ante la intervención al Mercado de Liniers. «Tengo la obligación de contestar sólo lo que hace a mi función», respondió sin poder ocultar el malestar. Es que, evidentemente, el estilo de su par, el secretario de Comercio Interior, Guillermo-Moreno, y la superposición de áreas, lo ponen en una posición incómoda, a pesar de que este último ya les habría adelantado a sus más cercanos, que él «no se mete más». Igual, si bien en los últimos días parece haber bajado los decibeles con la hacienda, ahora la emprendió con la «guerra de la lechuga» en el Mercado Central...

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  • ... que, otra área en conflicto, aunque pasó más inadvertida por la nueva etapa de relación campogobierno, es la del transporte de cargas donde el nuevo embate de un sector de los transportistas, aparentemente el más cercano al sindicalista Hugo Moyano, pretendía imponer no sólo una tarifa exorbitante por tonelada, sino que volvió a insistir con que ésta fuera «fija» y que se pagara en destino, y no por parte del contratante en origen. Los temas, calificados de « inconstitucionales» por los principales analistas jurídicos,y que provocaron « escozor» entre los operadores granarios de todo el país, fueron avalados, sin embargo, por el titular de una Bolsa del NOA, Carlos Avellaneda, que nadie parecería conocer, ni dar cuenta de su trayectoria. «Que alguien le explique a ese Avellaneda que, con el costo de fletes que él respaldó, conviene más vender el campo y comprarse camiones, que hacer soja», dijo un malhumorado productor norteño, ante el conflicto que aún dista de estar cerrado. Igualmente, otro tema que se sigue complicando, aunque en este caso no por acción del hombre, es la espectacular crecida que sigue registrando el río Paraná, ya en niveles críticos. La exteriorización más evidente de la situación es la cantidad de rodeos que pasaron en las últimas semanas al «continente» al inundarse las islas del río, lo que puso en jaque a más de un productor, y también a las autoridades de las provincias ribereñas ya que existen sobradas dudas sobre las garantías sanitarias que ofrece esa hacienda (todo el mundo sabe que los inspectores oficiales de sanidad, prácticamente no van a hacer controles a las islas, tampoco a los esteros ni al monte). «¿Por qué el SENASA no hace sangrados sorpresa de esos rodeos que están en las banquinas, para ver si, al menos, fueron vacunados contra la aftosa?, preguntaba un ganadero alarmado por la cantidad de hacienda que « apareció». El asunto, grave por cierto, «ayudó», sin embargo, a la industria frigorífica pues les permitió una oferta que, de otra forma ya no hubieran tenido, según reconocen en voz muy baja...
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