25 de febrero 2008 - 00:00

Dicen en el campo...

Javier María de Urquiza
Javier María de Urquiza
... que el cartelito señalaba: «Presidente». La ubicación estaba en la cabecera de una inmensa mesa oval. El lugar del ministro de Economía, Martín Lousteau, era el primero hacia la izquierda. Para cualquier desprevenido la imagen hubiera correspondido a alguna de las múltiples reuniones en la Casa de Gobierno, y se hubiese esperado la aparición de la señora de Kirchner para presidir el encuentro. Nada más lejos de la realidad. El lugar era el Salón Gris (ahora llamado Azul) de la Secretaría de Agricultura, y la «presidencia» era para el titular del área, Javier María de Urquiza,que volvió a convocar al CFA (Consejo Federal Agropecuario), órgano de reunión de los titulares de agricultura de todas las provincias que, sorprendentemente, sobrevive desde los 70, cuando se popularizó porque, al no existir congreso, era la única oportunidad que tenían los ministros para encontrarse, especialmente con las autoridades nacionales del área. Algunos decían que, además, servía para «hacer turismo» sin mayores cuestionamientos. El próximo va a ser en Salta. Pero dejando de lado la supervivencia del singular encuentro, básicamente en un gobierno que reniega de prácticamente todo lo que tiene que ver con aquella década, la presencia de Lousteau en la sede de Agricultura, no pasó inadvertida, aunque se atribuyó a dos razones bien distintas. Por un lado, la lectura oficialista indicó que el ministro fue a «respaldar» a De Urquiza, particularmente jaqueado en los últimos meses por la preponderancia -de acción y presencia-del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Otros, sin embargo, insistieron con que Economía no está demasiado conforme con el desempeño de la cartera y está «apretando» los controles, al punto de ejercer «marca directa». Igual, De Urquiza se guardó la foto, con Lousteau flanqueándolo.

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... que, mientras el sábado se festejaban los 88 años de la Unión General de Tamberos (UGT), una de las entidades más activas del sector, los ánimos siguieron caldeados, y no sólo entre los tamberos, sino también entre los industriales, las provincias, y naturalmente, las distintas áreas del gobierno nacional que tienen que ver con el tema. El asunto es que tanto en este rubro, como con la energía y con la carne, la falta de acciones concretas tendientes a aumentar la producción en forma consistente, durante los últimos años determina que ya quede escaso margen de maniobra. Los precios internacionales siguen altos, la demanda interna cada vez tira más, en algún caso se agotaron las reservas y, para colmo, se produce lo mismo o menos que en 2003, y bastante menor que en la década pasada. Por supuesto, que más allá del voluntarismo oficial por tener los precios contenidos, el esquema comienza a hacer agua por varios lados y con las amenazas ya no alcanza. Algunos ya hablan del «efecto Caracas», en alusión a la crisis de oferta de alimentos que enfrenta el presidente venezolano, el bolivariano, Hugo Chávez, con déficits de leche, pollo, y huevos, entre otros, lo que le está complicando sensiblemente el gobierno, a pesar de los crecientes ingresos con los que cuenta por el petróleo. No es el caso de la Argentina, aunque a ellos les sirve para importar, como recientemente hizo el CASA (organismo gubernamental venezolano) con las 12.000 toneladas de carne que llevará de la Argentina.

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... que, no queda demasiado claro si tal tonelaje está dentro de las 40.000 toneladas mensuales que autoriza a exportar el gobierno, o engrosará el volumende los acuerdos paíspaísque no entran en la restricción. De todos modos, la falta de hacienda gorda que se ve últimamente hizo que, nuevamente, todo el mercado se alterara (igual que los nervios de los funcionarios), y que los negocios pasen por cifras aparentemente bastante distintas que las que se dan a conocer como «oficiales». Esto, para algunos, es lo que justifica que la exportación haya « propuesto» bajar a 30.000 las toneladas mensuales de exportación pues, de todos modos, los precios de compra los están dejando igual fuera de mercado. No estarían dispuestos a pagar tanto, aunque otros opinan que es una maniobra para bajar el mercado interno pues, de todos modos, tienen las cámaras llenas de mercadería y el gobierno ya está retaceando nuevamente los ROE ( permisos de exportación). La situación parece bien distinta a la que se vio durante varios mesesdel año pasado (desde julio a noviembre) cuando se habían «flexibilizado» los permisos y se estuvo exportando cerca de 40% más de lo admitido oficialmente. «Ahora alguien va a tener que pagar la fiesta», señalaba un industrial de la carne que, obviamente, pidió mantener el más estricto anonimato. En todo caso, el jefe de gabinete de Agricultura, Carlos Milisevic, recién vuelto de sus vacaciones, deberá monitorear, esta vez, con algo más de rigor los tonelajes que se autorizarán.

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... que, así, mientras en el sector oficial se habla de «comenzar a diseñar una estrategia» para la lechería (lo que, con toda razón, enfurece a los productores), en carne se espera que en estos días se produzca una nueva «fumata», con foto y todo, que daría luz a la firma de otro acuerdo que, aunque desde la producción se insiste con que «no» definirá precios, desde el gobierno tratará de presentarse como un pacto de valores que permita mantener a raya la inflación lo que, de todos modos, prácticamente nadie cree. Algo similar ocurre con el desaguisado de las « compensaciones», de las cuales se entregaron alrededor de $ 1.300 millones. Y aquí el tema no es sólo el «magro» monto de devolución frente a la magnitud de lo que el gobierno se apropia del campo (especialmente vía retenciones e impuesto al cheque), sino especialmente, el desfase entre las empresas más concentradas como usinas, procesadores de pollos, o molineros, y los productores agropecuarios propiamente dichos. Para magnificar la diferencia, mientras los primeros ya recibieron alrededor de $ 1.080 millones (usinas $ 315 millones: polleros $ 230 millones: molinos $ 289 millones, aceiteras $ 245 millones), los agricultores y tamberos (trigo, maíz y leche) apenas llegaron a $ 152 millones. En una situación intermedia se ubican los $ 30 millones que recibieron los productores de cerdos, y los $ 40 millones para los feed lots. Ahora, frente a las lógicas protestas, hablan de reformular el sistema de aportes, aunque se sabe que, al margen de las consideraciones políticoeconómicas, el gobierno no tiene capacidad operativa para actuar con los sectores atomizados, y esto incluye los controles de precios también. De hecho, sólo pueden monitorear a los grandes hipermercados.

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