Decatur, Illinois, EE.UU. (especial para Ambito Financiero) - ¿Cultivos sin agua?, ¿máquinas que funcionan prácticamente solas?, ¿orugas gigantescas, o doble y triple rodado en la maquinaria agrícola? Estas son sólo algunas de las principales líneas de acción que se presentaron en la versión 2007 de la muestra agropecuaria dinámica más antigua y conocida del mundo: el Farm Progress Show, cuya primera edición se llevó a cabo en 1953.
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Desde entonces, primero los agricultores estadounidenses, pero luego los del resto de los principales países agrícolas, peregrinan, año tras año, hasta esta «Meca» tecnológica para ver hacia dónde apunta su negocio.
Pero también, los ventiladores gigantes en las calles, baños con aire acondicionado o las calles de la estática pavimentadas fueron algunas de las « bellezas» que diferenciaron a esta exposición de las muestras agropecuarias dinámicas argentinas. Naturalmente, en la tierra del «capital», cada uno de los servicios fue esponsoreado por alguna de las 460 empresas que participaron este año de la muestra.
Así, los más de 150.000 visitantes que se estima recorrieron las 20 hectáreas de estática y 180 de cultivos, durante los tres días que dura (entre ellos, unos 250-300 argentinos), no sintieron tanto los 38°-39° «a la sombra», típicos de este verano hipercaliente en los EE.UU.
Pero, ¿qué es lo que viene? Sin duda, el discutible concepto de que «bigger is better» (más grande es mejor) sigue primando en el renglón de la maquinaria agrícola, aunque las novedades, esta vez, pasan más por la geométrica incorporación de electrónica a los equipos que por la prepotencia de los tamaños, especialmente de tractores y cosechadoras. Chips, láseres, computadoras, satélites, GPS, etc., para las más variadas aplicaciones (desde regular la siembra hasta conocer la humedad de suelo o ajustar la presión de los rollos, entre otras muchas), son adoptados masivamente por los fabricantes.
Pero también fue posible apreciar toda una nueva gama de máquinas y equipos, muy sofisticados, pero de comparativamente pequeño porte, así como una amplia oferta de elementos de soporte como cuatriciclos, acoplados, tolvas, sin hablar de los camiones, en todos los tamaños y versiones.
El caso es que, si bien necesitan en algún caso algo más de potencia y velocidad de trabajo que los agricultores argentinos, el sobredimensionamiento de los «farmers» estadounidenses sólo se justifica porque «son más tierreros aún que los santafesinos», según apreció un cordobés mientras miraba el descomunal tamaño de una cosechadora, pero también la muy alta oferta de crédito (en monto y en lapso de devolución), lo que les permite tener maquinaria propia (y camiones), en general, sobredimensionada para sus extensiones, y aunque sea ineficiente y los mantenga endeudados, casi, en forma permanente.
Subsidios
Claro, también está el tema de los subsidios. De todos modos, éste parece ser uno de los pocos rubros adonde el «ahorro» de energía aún no llegó, aunque se prevé que no pasará demasiado tiempo para que las autoridades «incentiven» la compra de maquinaria más chica o en grupos (aquí no existen los contratistas, por ejemplo), y pugnen por acotar el derroche energético de los farmers, aunque el equilibrio con la industria automotriz y de maquinaria sea muy frágil.
Lo cierto es que los EE.UU. están haciendo una notable inversión y un gran esfuerzo para conseguir un rápido y contundente desarrollo en materia de biocombustibles que los «independice» de Medio Oriente, pero tambiénde la Venezuela de Chávez, aunqueesto no se mencione mucho en las reuniones.
La decisión es evidente y está plasmada no sólo en los niveles de capitales aplicados, sino también en el respaldo que están dando a la producción de biocombustibles, actividad que está cambiando el «mapa» y hasta la imagen de este cinturón maicero o corn belt. Y es, justamente, este tipo de combustible el que justifica el refortalecimiento que está registrando aquí la industria de la biotecnología para lograr cultivos cada vez más adaptados a tal objetivo.
Pero no es la única razón. También la mayor demanda de alimentos y la creciente necesidad de proveer granos más aptos para cada actividad están presionando en forma permanente sobre las compañías biotecnológicas.
Así, los primeros materiales transgénicos de hace una década lucen casi como arcaicos frente a las nuevas propuestas, ya en etapa experimental, y que prometen ingresar al mercado en los próximos años. Básicamente se trata de «combos», que suman varios eventos en la misma semilla. Por ejemplo: resistencia a sequía, resistente a glifosato (RR) y BT. Otros suman el «altooleico» o el «bajo linolénico», o el rico en Omega 3. Aparecen los maíces con lisina o la resistencia a nuevos herbicidas y, aunque el maíz y la soja concentran los mayores esfuerzos, también hay novedades en colza, girasol, alfalfas sin lignina, algodón, remolacha azucarera y, especialmente, especies hortícolas que parecen erigirse en las nuevas «vedettes» de la industria biotecnológica.
Lo cierto es que ya hay compañías de alimentos que están «encargando» materias primas con estas características para la obtención de sus productos, lo que promete generar otra revolución, no sólo industrial, sino también accionaria y de movimientos de capitales.
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