8 de noviembre 2001 - 00:00

Estiman una caída para la industria del aceite

La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) celebra su 21º aniversario, pero este año no hay festejos. "Debido a las condiciones económicas por las que atraviesa nuestro país, la comisión directiva de la cámara ha resuelto no festejar con un cóctel como tradicionalmente lo ha venido haciendo. En su lugar hemos decidido donar a comedores infantiles la totalidad del monto que todos los años destinamos al evento", indicaron en una carta. Sin embargo, los empresarios igualmente se manifestaron sobre la necesidad de una política de Estado que contemple, entre otras cosas, al sector oleaginoso. Hoy se reproduce parte de lo que sería el discurso del presidente de CIARA, Raúl Padilla, por el aniversario de la entidad.

El mundo y nuestro país se encuentran transitando épocas muy difíciles. La guerra y el comienzo de una etapa de recesión internacional complican aun más la situación de la sociedad argentina que ya viene sufriendo años de severas dificultades y profundización de la recesión económica que afecta a todos los sectores productivos.

La industria aceitera no es ajena a estos problemas y sufre las consecuencias tanto de la situación nacional como de la que surge de los mercados internacionales.

Si bien en los últimos dos años, gracias a la competitividad del sector, hemos podido mantener nuestro liderazgo internacional en la exportación de aceites y harinas proteicas, también, y por primera vez en mucho tiempo, el nivel de actividad de 2000 mostró una caída de 5% respecto de 1999, fenómeno que, como mínimo, se mantendrá este año
. Asimismo -y lamentablemente, para un país que requiere perentoriamente de divisas-a pesar de que seguimos siendo el primer sector exportador con 20% del valor total de exportaciones, en 2000 tuvimos una pérdida de aproximadamente 500 millones de dólares en la exportación de nuestros productos.

Nuestra oferta se destina a más de cien países, especialmente de Asia y América latina. Sin embargo, el creciente proteccionismo que dificulta el acceso y los cuantiosos subsidios utilizados por los grandes actores del mercado mundial de oleaginosos complican cada vez más nuestra operatoria.

Reclamo

Por ello, desearíamos y hemos solicitado al gobierno argentino que apoye la decisión de Brasil de iniciar las acciones tendientes a llevar a un panel a Estados Unidos en el ámbito de la Organización Mundial de Comercio por las distorsiones al comercio que están generando desde hace cuatro años, los subsidios a su producción de soja. Sólo en 1999 éstos alcanzaron los 3 mil millones de dólares. Esta acción desleal impacta directamente a los productores del Mercosur ya que, junto con el país del Norte, son las únicas regiones a nivel mundial que generan saldos exportables en este complejo, y la acción del Loan Deficiency Payment ha reforzado marcadamente la declinación de precios internacionales.

No obstante, como la soja es un producto muy noble y sigue siendo en la realidad de la producción agropecuaria sudamericana, la opción más rentable, los productores argentinos a pesar de su escaso financiamiento, han redoblado la apuesta y logrado para nuestro país también cosechas récord con la simple y fundamental herramienta de la eficiencia.

Pero, a pesar del crecimiento en la producción de materia prima y de contar con el parque industrial de oleaginosos más moderno del mundo, estamos imposibilitados de aprovechar plenamente la riqueza generada por el complejo. En estos momentos estamos exportando margen industrial a China. Ese gigante mundial, absolutamente deficitario en la producción de oleaginosos, ha cerrado su mercado a nuestros productos industriales y, al amparo del gran margen de protección que ello implica, se está llevando nuestro grano para procesarlo dentro de sus fronteras. No nos oponemos a que ningún país compre materias primas. Lo que solicitamos es que a la par que compran grano abran el mercado para productos procesados, y se dé al país la oportunidad de competir en todos los mercados y productos.

Otro caso de especial mención es
India que, en menos de un año, incrementó abruptamente sus derechos de importación, produciendo además un fuerte desequilibrio arancelario en perjuicio del aceite de girasol, producto en el que la Argentina ejerce un fuerte liderazgo mundial. El complejo oleaginoso argentino requiere una política de Estado.

Si bien se ha dado un gran paso en el camino correcto mediante la sanción de la Ley de Competitividad para la Producción Agrícola y la Industria Alimentaria, y con la reimplantación de los reintegros a las exportaciones de aceites envasados, todavía es necesario profundizar el esquema de reformas.
El IVA exportación es un tema central en la recuperación de la competitividad que persistentemente hemos señalado y que requiere una perentoria reforma, la cual debe incluir una fuerte reducción de su alícuota y un profundo cambio de estructura. Este impuesto nunca fue neutral y, para una industria como la nuestra que exporta 95% de lo que produce, no sólo implica una retracción anual de nuestro capital de trabajo superior a los mil millones de dólares con el consiguiente encarecimiento de financiación que ello implica más el aumento de exposición al riesgo, sino que también el Estado debe devolver posteriormente más de lo que recauda ya que los problemas de evasión persisten, y con ello, la inseguridad en las operaciones del sector.

Políticas agresivas

La Argentina debe encontrar la senda del crecimiento. Aumentar y diversificar sus exportaciones. Tanto Estados Unidos, como China o la Unión Europea han mostrado claramente que piensan continuar su agresiva política de producción y exportación y los países más pequeños seguirán usando todos los instrumentos posibles para cerrar nuestra entrada, tal como lo hacen ahora Chile, Perú, Uruguay y Venezuela.

Ahora se aproximan negociaciones vitales que marcarán el destino del complejo oleaginoso argentino y nos definirá como productores de materias primas o de productos procesados.

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