Faltan nuevas políticas que incluyan al campo
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Se pueden rescatar cosas del pasado, pero sólo las que sean funcionales para el futuro. Cuando nuestros antepasados se pusieron de acuerdo, con la Constitución de 1853, luego de las guerras interiores entre federales y unitarios, entre el interior y el puerto, entre la economía abierta y la economía cerrada, la Argentina encontró el norte, allá por 1880. Durante 50 años transitamos el camino de la consolidación como un país con posibilidades ciertas de ser líder en el mundo. España, Italia, Francia, Bélgica, Polonia, etc. estaban en la lona, expulsaban población.
Tanta confusión existe que hasta los ganaderos aceptan no subir el precio del ganado. Esto es lo mismo que, en un hospital, se obligue a los enfermos acordar un pacto para que la fiebre no les suba. No, señores ganaderos, no se confundan o no se dejen confundir; el problema no es de ustedes ni lo generaron ustedes.
El precio de la carne vacuna contenido en la canasta de productos del índice de precios al consumidor (IPC) incide en 4,513% y, para que la inflación aumente 1% al mes, el precio de la carne debe crecer más de 22,37% en las carnicerías en ese mismo mes. En relación con el comercio exterior, el dilema instalado entre consumo interno o exportar es falso, y los mayores confundidos son los representantes neófitos de las ligas de consumidores. Por ejemplo, el precio de los cortes traseros frescos (los que se exportan) incide en 1,666% en el mencionado índice, de manera que el precio de exportación en dólares debe elevarse en 60,62% para que la inflación interna aumente un punto o que la cantidad exportada aumente en la misma proporción. La inflación no es el aumento del precio de la carne, la leche o de otros productos alimenticios; es el aumento generalizado y sostenido del nivel general de precios de toda la economía. El índice de precios al consumidor está compuesto por más de 150 productos/servicios agrupados en 9 rubros, como alimentos y bebidas, indumentaria, vivienda, transporte, atención médica, esparcimiento, educación, etc. El problema no es microeconómico, es macroeconómico.
De nada sirven herramientas microeconómicas como los acuerdos de precios sectoriales, las retenciones a algunos productos, amenazas por excesos de rentabilidad a las empresas o negocios. Justamente el crecimiento económico del que se habla tiene su fuente de explicación allí. ¿Qué se hará con el aumento de todos los otros precios, tal como está sucediendo, poner retenciones al precio del subte, poner retenciones al precio de la energía eléctrica, poner retenciones a la cuenta del restorán, del taxi o del médico?
La salida está en mirar hacia adelante, comerse los aumentos, debemos ser francos con la población y decir que la inflación fue provocada y no precisamente por este gobierno, o como ya se propuso en esta columna, la salida está en importar carnes para contener el aumento de precios de éstos, no de otros productos.
El germen, la causa, se instaló con la megadevaluación, y el desencadenante fue la política de mantener el tipo de cambio alto y los pocos y justos aumentos salariales. No obstante, es responsabilidad de este gobierno evitar políticas fiscales y monetarias expansivas que empujen más a la demanda agregada. El Presupuesto, que es parte de esa demanda agregada, es una herramienta macroeconómica y no debe aumentar; si no, se estaría echando leña al fuego y luego se protestará porque la carne saldrá chamuscada, quemada, cosa de gallegos perdidos en la trampa de ser el viento o la veleta. Lo que debe aumentar es la inversión interna bruta fija privada, nacional o extranjera, sólo así habrá un real aumento de oferta agregada.



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