La importación de fertilizantes y agroquímicos cayó más de 80 por ciento en el primer cuatrimestre de este año. Las cifras arrojan una baja de 76,2 por ciento en las importaciones de agroquímicos y de 99,5 por ciento en fertilizantes, según un informe elaborado por la Asociación de Cámaras de Tecnología Agropecuaria (ACTA). «La situación se torna aun más delicada si se toma en cuenta que para traer insumos desde el exterior los plazos mínimos desde que se inicia el pedido hasta la llegada del producto al país alcanza los 90 días», indicó el estudio. Según ACTA, la deuda que acumula los productores con los proveedores de insumos es de 3 mil millones de dólares, por lo que «el panorama para el sector se ve mas sombrío».
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En este sentido, las empresas aseguran que «solo se saldó 15 por ciento de la deuda por insumos cuando generalmente para esta fecha ya se hubiera cobrado 80 por ciento de la misma». «Esto está provocando un nivel de asfixia financiera alarmante en las empresas», aseguraron.
• Conflicto
El conflicto por las deudas entre productores y las empresas proveedoras de insumos ya lleva cinco meses. Mientras que los chacareros reclaman la pesificación de las deudas y la consecuente derogación de la Resolución 10, los proveedores pretenden el mantenimiento de la excepción que permite la dolarización de las mismas.
«La problemática va a tomar forma dentro de dos semanas cuando comience la siembra de trigo y la demanda de insumos no va a poder satisfacerse en un alto porcentual provocando una sustancial reducción de los rindes», aseguró ACTA.
En este sentido, el informe de la entidad detalla las estimaciones de siembra para la próxima campaña. En el mismo se calcula una superficie de 6,1 millones de hectáreas para el trigo y una producción de 13,3 millones de toneladas. En tanto, para el maíz, los empresarios estiman un área de 2,3 millones de hectáreas y una cosecha de 11 millones de toneladas. En el caso de las oleaginosas, el área a sembrar con girasol se prevé en 2,1 millones de hectáreas y una cosecha de 3,5 millones de toneladas y para soja una superficie de 10 millones de hectáreas con una producción de 21 millones de toneladas. Para los cuatro cultivos ACTA calculó una producción total de 52 millones de toneladas para la campaña 2002/03, 20 millones menos que la actual.
Respecto del costo fiscal se calculan pérdidas por 2.300 millones de pesos anuales si se suman los ingresos por retenciones, caída de la actividad económica y menores ingresos por comercialización y fletes.
Por su parte, un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Marcos Juárez, aseguró que «la suba en el precio de los insumos tras la devaluación llevará a los productores a ajustar la inversión en el paquete tecnológico para la próxima campaña, poniendo en riesgo la competitividad que logró el campo argentino en la última década». El organismo sintetizó que «de concretarse los recortes en el paquete tecnológico que muchos productores harían para poder mejorar los números frente a la campaña fina, habría una consecuencia en los rindes y se estaría perdiendo mucho de lo ganado en los últimos diez años».
Añadió que la devaluación y la incertidumbre monetaria llevan al productor a «afinar el lápiz hasta límites impensables». Al respecto, el INTA indicó que el descartar tecnología y alternativas de manejo implica «salvar el presente a toda costa, arriesgando un futuro augura tropiezos mayores en la productividad». Tras un relevamiento que se realizó entre productores, el organismo aseguró que el sector calificó como «estado de confusión» a la falta de un horizonte seguro al momento de planear la inversión tecnológica, y en ese marco la fertilización y la siembra directa serían las aplicaciones susceptibles de sufrir el impacto de la suba de costos. El estudio determina que los productores analizan «cuál es el dinero o el flujo financiero que va a necesitar» para la siembra y cuando hace los números gruesos «ve que trigo y maíz se han transformado en dos cultivos de alto uso de insumos por fertilización y control de enfermedades y plagas».
Añadió que en un contexto sin financiamiento «puede disminuir el uso de insumos, preferentemente los fertilizantes, y los que son más drásticos están pensando en no realizar el cultivo directamente».
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