Ganaderos no encuentran respuestas por las carnes
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Las medidas para el sector deberían ser a largo plazo y con pautas transparentes con el fin de consolidar la oferta.
La ganadería ha resistido los embates de la propia agricultura, de la inmediatez del negocio sojero, para sostener una actividad que tiene más de vocación que de comercio; se ha ido desplazando a zonas no tradicionales para seguir produciendo terneros y ningún gobierno de los últimos 50 años los ha acompañado en el esfuerzo, es más, se han servido de los ganaderos imponiendo retenciones y valores de cambio diferenciales con los que han subsidiado ineficiencias y sus ineficacias del Estado.
Pero vamos a los bifes: entre marzo y mayo entran en el mercado, como oferta estacional, las vacas de refugo de los campos de cría: aquellas que no se preñaron, las que perdieron sus crías y las vacas viejas, que constituyen las categorías conocidas como vacas de conserva y manufactura.
La buena colocación de estas vacas es la que le permite al criador apostar a una mayor retención de terneras para reposición con el consecuente incremento del stock de madresy, por ende, el logro de una mayor cantidad de terneros: es decir, buscan una mayor producción que se traducirá en una mayor oferta de animales para faena tres años después de la decisión tomada.
Esta categoría nunca fue consumida por el mercado doméstico salvo como carne cocida y enlatada, incluso como embutidos y carnes manufacturadas. Su mejor precio no impacta en el índice del novillo ni su baja se ve en las góndolas, simplemente porque no participan en ellas; pero su buena colocación constituye una sensible mejora en la rentabilidad del productor de terneros.
En los últimos años, la Argentina ha dedicado esta categoría al abastecimiento de mercados como Rusia, con los que hoy no se puede cumplir por la irracional prohibición impuesta por Kirchner.
Otro ejemplo lo constituye el biotipo de novillo de exportación, incluso para cortes no Hilton: un novillo mestizo pesado, cruzas índicas, holando y cruzas continentales que no es, ni por asomo, de la preferencia del mercado interno y hoy ha sido condenado a un mercado sin destino.
Para colmo, parecen ignorar las consecuencias de sus propias decisiones: al no permitir la faena de animales por debajo de los 280 kilos se retiraron del mercado 26,25% de los animales ofrecidos ( fuente: CICCRA, sobre datos ONCCA), por lo tanto, el impacto en una menor oferta es indiscutible, ergo, un incremento de precio ante una demanda inelástica era esperable: no entiendo de qué se sorprenden, el propio gobierno ha colaborado en la suba del precio de la carne, pero nadie de ellos quiere reconocerlo.
Es interesante apostar al incremento del peso de faena para lograr un mayor rendimiento en carne por cabeza, y así aumentar la oferta. Pero es una medida alcanzable en no menos de un año, su consecuencia inmediata es contraria al efecto buscado y hay que saber soportar el cimbronazo: ¿será pedir peras al olmo? Si quisieran sacarse el horcón de quebracho que les lacera la visión, los jerarcas se darían cuenta de que es más razonable sentarse a conversar con los legítimos representantes del sector y acordar una serie de cortes no exportables: como el asado, matambre y vacío: típico plato argentino, u otros cortes menos exportados, para promover su colocación en el mercado interno con un acuerdo de precios.
Dichos sea de paso: el hambre no se mata con bife de chorizo, lomo o colitas de cuadril, el novillo tiene otros cortes tan buenos y nutritivos y más baratos para satisfacer a la población: el hambre se mata con políticas coherentes, presupuestos equitativos, más eficiencia y menos «ñoquis» y gastos superfluos del Estado.
Este acuerdo debe regirse por pautas transparentes y justas, no bajo la amenaza. Si el gobierno dice: «No compren carne hasta que baje», ¿qué debemos hacer ante el aumento del costo del peaje, firmado por Kirchner? ¿Deberemos azuzarlos no pagando los impuestos hasta que el gobierno no dé claras señales de haber racionalizado sus gastos hasta tener una mejor educación y salud públicas, jubilaciones más justas?, etcétera.
Con la ceguera por mano propia, con la visión parcial de la realidad, no se llega a ningún lado. Es hora de pensar un país en serio, sino estaremos condenando a la Argentina a ser un país sin esperanza, y quienes gobiernen el país, ahora y en más, serán los responsables de nuestro destino.



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