4 de mayo 2004 - 00:00

La Argentina busca repuntar en miel

El año pasado, la producción local fue de unas 75.000 toneladas, de las cuales se exportó 94%, por un monto récord de 160 millones de dólares, destinadas principalmente al Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá, España, Estados Unidos, Australia y Japón, todos países con alto poder adquisitivo.

Sin embargo, a partir del alertasanitario emitido por el Reino Unido, en agosto del año pasado, cuando se denunció la presencia de nitrofuranos en tambores de miel procedentes de la Argentina, se generó un punto de inflexión en el sector apícola. Ante esta evidencia, las ventas al exterior comenzaron a afrontar crecientes dificultades, que provocaron una virtual paralización en las exportaciones.

La importancia de lo sucedido puede mensurarse si se tiene en cuenta el explosivo crecimiento de la actividad apícola en la última década, período en el cual la producción se incrementó entre 40% y 50%, alcanzando un pico máximo de 98.000 toneladas en el año 1998. En dicho crecimiento influyó preponderantemente el aumento de la demanda externa motivado por una baja de la producción en los principales países oferentes, por razones climáticas y sanitarias.

Debe advertirse que nuestra producción está orientada casi con exclusividad a los mercados internacionales, ya que se exporta entre 90% y 95% del total producido. Esto situó a la Argentina como principal exportador y tercer productor detrás de China y los Estados Unidos.

El mercado interno es muy reducido por diversos factores, entre los que se contabilizan las costumbres locales, poco afectas al consumo de miel; el reemplazo de ésta por sucedáneos de menor calidad y precio, como los jarabes de maíz; y los relativamente altos precios al público después de la devaluación sufrida por nuestra moneda.


Ante este problema, el gobierno actuó con rapidez y adoptó medidas en salvaguarda de los mercados externos trabajosamente conseguidos y apoyó a los productores castigados. La Secretaría de Agricultura y el SENASA establecieron un plan de vigilancia de todas las exportaciones de miel para que no se pueda vender nada sin demostrar su trazabilidad, ni autorizar embarques que no indiquen resultados negativos en el análisis de nitrofuranos.

El problema con esta medida es que, aunque necesaria, es muy difícil de cumplimentar por los pequeños productores
, dado que los análisis, hasta ahora, los realiza el laboratorio Xenobióticos, el único actualmente habilitado en el país por el SENASA para detectar la presencia de residuos de nitrofurano y tienen un costo que oscila en torno de los u$s 200.

La noticia alentadora es que a principios de año, una acción conjunta entre los organismos oficiales, los productores y los exportadores permitió determinar el origen de los nitrofuranos presentes en la miel, quienes atribuyeron la causa al uso de productos veterinarios ilegales.


Actualmente, continúan las investigaciones y los decomisos de medicamentos no autorizados.

Paralelamente, se discute con la Unión Europea el establecimiento de un límite máximo permitido de 1 ppb (parte por billón) para la presencia de nitrofuranos en miel, como ya lo tienen otros alimentos tales como aves, huevos y peces, en vista de que hasta el presente el límite de tolerancia es cero. El éxito en esta negociación sería relevante ya que de esta forma más de 95% de las mieles argentinas contaminadas serían exportables, dado que las estadísticas más recientes nos revelan que sobre 2.200 casos analizados, 28% de las muestras están contaminadas y solamente 3% supera 1 ppb.

Obviamente, son los productores los más afectados por la situación ya que los exportadores, si bien dejan de ganar, cuentan con un sistema de categorización que facilita su operatoria en función de los sistemas de calidad que tienen implementados. En cambio, los productores corren el riesgo de perderlo todo debido a las serias dificultades que tienen hoy para vender su producción, por lo que elevaron un petitorio a las autoridades en el que solicitaron, entre otras cosas, la creación de una red de laboratorios autorizados para analizar la miel que se financiaría con fondos provenientes de las retenciones, además de la creación de un precio sostén o indemnización para la miel contaminada y decomisada, y evitar así su ingreso en mercados marginales.

Hace algunos años, China atravesó por una situación similar, aunque más agravada, ya que le significó el cierre de casi todos sus mercados, por no adoptar medidas correctivas con otra sustancia prohibida, el cloranfenicol.
Sin embargo, de allí en adelante comenzaron a implementar sistemas para asegurar la calidad de sus mieles y sobrellevar la emergencia. Si bien no existe ninguna información confiable acerca de la posición futura del mercado europeo para la miel de origen Chino, puede estimarse que en el corto plazo podría ingresar nuevamente en Europa, lo que significará para la Argentina un mercado mucho más competitivo. Por último, debe destacarse que gracias a los rápidos reflejos con los que actuaron todos los miembros de la cadena apícola en la implementación de medidas correctivas en resguardo de la calidad, los mercados de exportación permanecen aún abiertos, aunque con las severas limitaciones anteriormente apuntadas.

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