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Ese informe fue «resultado del estudio de numeroso material escrito, innumerables conversaciones con expertos de la provincia, las visitas realizadas a las chacras, conversaciones mantenidas con los productores y un seminario de debate realizado con participación de muchos especialistas en diferentes disciplinas vinculadas con el tema del desarrollo».
El proyecto tenía por finalidad crear nuevas fuentes de trabajo; elevar el nivel de ingresos de los productores del área y mejorar su calidad de vida en lo que concierne a las chacras individuales como a la región entera.
Un ambicioso y bien orientado proyecto de desarrollo regional, condensado en varios gruesos tomos, que lamentablemente pese a haber significado una importante inversión financiera para la provincia, que costeó todos los gastos del trabajo incluyendo honorarios, luego no se tradujo en acciones concretas para llevarlo a la práctica.
Pero allí sigue, en espera de un eventual rescate y utilización, al menos en los aspectos en que conserva vigencia y mantiene sus valores, como en lo relativo al desarrollo de la producción lechera en el área, un tema hoy en vías de reflotamiento por el interés nacional en la materia y uno de los ejes sobre los cuales se estructura la propuesta israelí para lograr los tres objetivos arriba enunciados.
El documento de presentación especifica que «los beneficiarios directos del proyecto deben ser esencialmente los productores con los medios de producción tierra y trabajo, pero que actualmente no son capaces de producir un ingreso medio que alcance para su sustento y les permita acumular bienes de capital que aseguren el desarrollo de la explotación», párrafo que constituye un incisivo diagnóstico de la situación del minifundio correntino en general, que la conclusión fundamental del trabajo considera totalmente reversible mediante la aplicación de una integral política de desarrollo, adecuada a las condiciones del área a partir de aquella base y potencial disponibles, la tenencia de la tierra y el trabajo familiar de los pequeños productores.
«Tal situación -precisa luego, completando el análisis de una dramática realidad social correntina- es la que probablemente causa la migración indeseable desde las zonas rurales a los centros urbanos. Los que se quedan en el campo viven en la pobreza, se comen el capital, empobrecen los suelos y el ganado que crían», dice el estudio.
Avanzando en un intento de explicación de las causas de tal realidad, el expositor dice luego que «se supone que esos procesos son el resultado de varias razones: económicas, administrativas, falta de recursos, falta de sistemas de apoyo y, por encima de todo, el desconocimiento de las oportunidades que se abren y la incapacidad y temor a exponerse a riesgos, así como la falta de motivación para organizarse».
Este trabajo, hoy a casi diez años de distancia, duerme el sueño de los papeles archivados en un estante ministerial.



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