9 de noviembre 2001 - 00:00

Monte, otra ciudad invadida por el agua

La ciudad de San Miguel del Monte quedó en las últimas horas virtualmente bajo el agua luego de que la laguna homónima desbordara invadiendo el casco urbano. En tanto, cedieron ayer por la fuerza del agua los trabajos realizados el miércoles en la zona de Rivadavia, donde vecinos de esta ciudad y Trenque Lauquen se habían enfrentado por la ruptura intencional de la compuerta.

San Miguel del Monte
San Miguel del Monte
Buenos Aires - San Miguel del Monte, un pequeño poblado de 13 mil habitantes, montado a un borde del río Salado, es la nueva víctima de la inundación que golpea a la región pampeana.

Aunque hace varios días el agua acecha la ciudad, ayer la tomó por asalto: en unas horas, tuvieron que abandonar sus casas cerca de 300 personas.

El Salado, la laguna que escolta al pueblo y uno de los arroyos vecinos rebasaron y comenzaron a inundar buena parte del casco urbano que era protegido por defensas.

Es un fenómeno simple: por la pendiente, los excedentes de agua acumulados en el Oeste comenzaron su descenso hacia la costa dejando su marca en el camino.

Amenaza

Como una mancha y a paso lento, el agua que inunda campos y poblaciones en el norte y oeste provincial ahora pone en serio peligro zonas del centro y del este bonaerense.

«No se puede hacer nada para evitar el avance de las aguas más que asistir a los afectados», se lamentó el jefe de los Bomberos de Monte, Juan José Zani.

Hasta resulta difícil llegar a la ciudad. El acceso por Ruta 41 está cortado y, por Ruta 3, la circulación debe hacerse con extremo cuidado.

La crisis en Monte es una amenaza para toda la región. La crecida del Salado también pone en peligro Chascomús -que viene castigada-y Ranchos, entre otros poblados.

En tanto, ayer retornó la calma, al menos formal, a la zona de Rivadavia y Trenque Lauquen, donde desde el lunes se vivían momentos de tensión luego que vecinos abrieron un canal para sacar el agua de sus campos.

La provincia intervino en forma inmediata y ordenó taponar el paso de agua. Fue una decisión técnica -«porque no soluciona nada-y política -para impedir anarquía en cuanto al destino del agua-.

Sin embargo, la fuerza del agua destruyó ayer los trabajos realizados en las compuertas y obligó a incrementar la cantidad de hombres y maquinarias para cerrar la brecha.

Dejá tu comentario