A pocas horas de finalizada la 5ª Cumbre Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en la ciudad de Cancún, y sin una declaración por falta de consenso de los 146 países miembro, se llega a una instancia crítica en esta Ronda, reflejando la gran complejidad de negociaciones comerciales en el ámbito multilateral, y en particular sobre el tema agricultura.
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Se llegó a Cancún con un marco de negociación sumamente complejo. Los Estados Unidos y la Unión Europea, por instrucciones precisas del director general de la OMC en la Reunión Ministros de Montreal del mes de julio, preparatoria para Cancún, pactan con un documento la mejor forma de enfrentar las duras negociaciones con el resto de los países que integran la OMC.
Este documento, rechazado por varios de los países miembros, permitía aumentar la discrecionalidad y las posibilidades de elusión de los compromisos de los acuerdos vigentes y pretendía legalizar protecciones hoy recurribles. En particular, se excluía de todo tratamiento especial y diferenciado para los países en desarrollo, a los países exportadores netos de alimentos, medida que impactaría fuertemente a la Argentina. Aquí nace el G-20, liderado por India, Brasil, China, Sudáfrica y la Argentina, como consecuencia de una postura soberbia e inflexible de los grandes protagonistas del proteccionismo agrícola mundial.
Ya en Cancún esta gran brecha no pudo ser superada. El día de cierre, luego de varios encuentros, y sin posibilidades prácticas de progresar dadas las diferencias tan profundas, se endurecieron las negociaciones en otro carril, los temas de Singapur, impulsados por Europa y Japón, que contemplan básicamente los siguientes temas: mayor acceso a los mercados a las compañías multinacionales; regulación de la competencia y mejora en la transparencia en compras gubernamentales y en las inversiones extranjeras.
Desde el inicio India y Malasia se opusieron a que estos temas se discutieran y a ellos se sumaron las mayores presiones del tema principal y más comprometido: «El tema de la Agricultura», casi una feliz consigna.
Por su parte, la Argentina presentó con claridad y firmeza su postura; cumplir con el mandato de Doha intentando definir el marco adecuado para avanzar de aquí a 2005 en los tres pilares de la negociación: acceso a mercados, competencia de las exportaciones y ayuda interna. Conformó el G-22, ya que se sumaron otros dos nuevos países, lográndose con consistencia y racionalidad la más importante oposición a las pretensiones de los bloques que, en definitiva, se oponen a un comercio liberalizado de trabas y «trampas». Desde la Sociedad Rural Argentina hemos avizorado por primera vez y como conclusión positiva, el hecho concreto que las grandes potencias opositoras se han llevado un fracaso rotundo de sus pretensiones al encontrarse con países muy decididos en dar batalla a la apertura lisa y llana de los mercados internacionales.
Esto en sí mismo, constituye un avance notable por la fortaleza de las posturas de los países en desarrollo, que mantuvieron una actitud indeclinable. Creemos de todas formas, que en los «tiempos de la negociación» será muy difícil avanzar en el corto plazo, dadas las particulares condiciones políticas que en definitiva, tienen los principales países. Las próximas elecciones en los EE.UU. y los cambios de autoridades en la Unión Europea están condicionando este proceso. Estos «tiempos» lamentablemente juegan y jugarán en contra, ya que nuestras necesidades son cada vez más urgentes.
Queremos destacar los siguientes hechos:
1) Importancia notable del nuevo grupo G-22.
2) Tema agrícola, su preeminencia sobre todos los temas.
3) Equilibrio de fuerzas negociadoras por primera vez.
4) No volvimos con una derrota, sino con un nuevo marco de negociación más positivo para la Argentina.
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