16 de marzo 2004 - 00:00

Poco impacto en agro local en corto plazo

El comercio de maíz es el único que podría afectarse con la ampliación de la Unión Europea. Aunque se modificarán aranceles y habrá mayor oferta de granos, en el corto plazo la Argentina no sentiría gran impacto en su comercio.
El comercio de maíz es el único que podría afectarse con la ampliación de la Unión Europea. Aunque se modificarán aranceles y habrá mayor oferta de granos, en el corto plazo la Argentina no sentiría gran impacto en su comercio.
Apartir del 1 de mayo de este año, diez países de Europa Central y Oriental (PECO) pasarán a formar parte de la Unión Europea. Los nuevos miembros en cuestión son la República Checa, Hungría, Polonia, Estonia, Eslovaquia, Lituania, Letonia, Eslovenia, Chipre y Malta, mientras que Bulgaria y Rumania deberán esperar turno hasta 2007.

Esta circunstancia plantea un nuevo punto de vista en las relaciones de intercambio de nuestro país con este grupo, que desde mayo en adelante estará bajo el paraguas de la comunidad.

Debe advertirse que la totalidad de estos países son netamente productores agrícolas y que exportan la mayor parte de sus productos a la Unión Europea. Polonia, Hungría y la República Checa son los tres principales exportadores de la región. Polonia exporta 30% de su producción, y 43% tiene como destino la UE. Del total de las exportaciones de Hungría (27% de su producción), 44% se dirige a la UE, y de la República Checa (13% de su producción), 31% tiene como destino al mercado europeo. En cuanto a los demás destinos, 38% se dirige al resto de los PECO.

Cuando los PECO sean miembros de la UE, adoptarán gradualmente los aranceles ya vigentes en el mercado comunitario abandonando los actuales.
Como resultado de la adhesión, algunos aranceles se incrementarán, perjudicando las exportaciones argentinas y otros descenderán, beneficiándolas. Uno de los temas a negociar será el de las cuotas.

Actualmente, la Argentina exporta commodities a los PECO, pero una vez que formen parte de la Unión, éstos adoptarán, además de los aranceles, el sistema de cuotas de la UE y, como consecuencia, puede haber una disminución de las cantidades exportadas.


• Abastecimiento

Sin embargo, éste no es el nudo del problema, puesto que la Argentina es un abastecedor poco relevante para los PECO, y esto se demuestra en la baja participación que tienen las importaciones de esos países en el comercio argentino.

El principal enigma es en qué medida este grupo de países puede reemplazar parte de las exportaciones argentinas actuales a la UE.


El primer obstáculo es que los nuevos Estados miembro gozarán de arancel cero y, por lo tanto, la Argentina verá afectado su nivel de exportaciones, sobre todo en lo referente a commodities. Además, recibirán un plan de ayudas directas de gran magnitud para la reconversión de su agricultura, ya estimado en unos 10 mil millones de euros durante los tres primeros años de su incorporación a la UE.

Más de la mitad de ese presupuesto se otorgará a través de la oficina de Política Agrícola Común y estará destinado a programas de desarrollo rural.

Para tener una idea de la dimensión de ese monto, se lo puede comparar con la asignación del Presupuesto Nacional de 2004 para toda la función agricultura, que alcanza un equivalente de 55 millones de euros. Vale decir que los subsidios para tres años, nada más que para este grupo de países, son casi 200 veces el monto total de nuestro presupuesto dedicado a la agricultura.


El principal beneficiario, en términos de transferencias presupuestarias, será Polonia, que en 2006 recibirá casi 3 mil millones de euros, seguido por Hungría y la Rep. Checa.

Uno de los principales desafíos que enfrentaría el agro de los PECO será estar en condiciones de competir con los productores comunitarios.

Los productos argentinos, en una primera etapa, seguirían gozando de ciertas ventajas comparativas, dado que los nuevos miembros todavía tienen que realizar importantes esfuerzos para alcanzar los estándares de calidad requeridos por la PAC.


En ese sentido, Hungría y Polonia son los únicos países que estarían en mejores condiciones de competir en los mercados externos, tanto por contar con establecimientos de mayor tamaño como por alcanzar ciertos niveles de calidad.

Además, se estima que no habrá cambios significativos en cuanto al comercio de soja y girasol, puesto que la producción de los PECO es pequeña. En el mismo sentido, la carne aviar tampoco ofrece dificultades por la oferta escasa de nuestro país, y en el caso de las frutas, solamente Polonia es un fuerte productor de manzanas, pero la Argentina actúa en contra estación.
El flanco mas débil es el maíz, puesto que las ventas argentinas a la UE son importantes, y Hungría puede constituirse potencialmente en fuerte competidor.

• Aranceles

En cuanto a la carne bovina, existen hoy grandes preferencias arancelarias para los PECO, pero la actividad ganadera de estos países está dirigida principalmente a la producción láctea. La producción bovina total es de 1 millón de toneladas, es decir, que todos juntos, los futuros miembros de la Unión Europea no llegan a producir la mitad de lo que produce la Argentina. Sin embargo, la principal traba para nuestras carnes serán las preferencias arancelarias que se les otorgarán a estos países y las ayudas a los productores para mejorar los estándares de calidad.

Por estas razones,
se puede suponer que actualmente no están dadas las condiciones como para que los PECO desplacen en forma inmediata a los productos argentinos -con la posible excepción del maízesencialmente por problemas de calidad, controles sanitarios y fitosanitarios y modernización de sus estructuras productivas.

Las restricciones comenzarán a sentirse recién en el mediano plazo, cuando se pongan en marcha las inversiones provenientes de los empresarios de Europa Occidental. Los precios de las tierras agrícolas en la zona son notoriamente inferiores a los vigentes en la UE y, por lo tanto, dichas inversiones traerán aparejadas un aumento de los niveles de calidad de los productos.

También existen potenciales efectos positivos. Una Europa ampliada representa un mercado adicional de aproximadamente 50 millones de consumidores.
Muchos de los ciudadanos que se incorporan a la UE tienen un importante nivel adquisitivo, y sus hábitos de consumo se irán aproximando al resto de los europeos.

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