7 de junio 2001 - 00:00

Por aftosa lanzan créditos warrants para frigoríficos

El gobierno lanzará una línea de créditos de 7 millones de dólares mediante la utilización de warrants para los frigoríficos afectados por la crisis de la fiebre aftosa. La idea estudiada en dependencia del Finagro de la Secretaría de Agricultura contempla que los stocks no exportados sirvan para garantizar los certificados de depósito contra mercadería emitido por las «warranteras» autorizadas.

Los créditos serán otorgados por el Banco de la Nación Argentina y el BICE a una tasa de 6% que ya incluiría la bonificación de la Secretaría de Agricultura.

La idea -que aún se está definiendo en el gobierno-contempla la crisis por la que atraviesa la industria frigorífica que ya acumula pérdidas de u$s 300 millones por el cierre de todos los mercados luego de la aparición virulenta de fiebre aftosa en el país.

Las exportaciones de carne res con hueso (la más susceptible a la transmisión de aftosa) cayeron 63,5% en marzo y 95,3% en abril.
En valores estas caídas equivalen a 63,2% y 96,5%, respectivamente, según el informe mensual de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Entre los principales puntos del documento elaborado por la entidad se destacan algunas críticas a la conducción del SENASA, que encabeza Bernardo Cané.

«La estrategia elegida por las nuevas autoridades del SENASA -hacer creíble técnicamente a nuestro servicio sanitario ante las autoridades de la UE-no dio ningún resultado», dice el documento.


Transcurridos casi tres meses desde el cierre total de las exportaciones de carnes, y por el momento no se ve que a corto plazo pueda lograrse la reapertura de alguno de los mercados significativos.

Suponer que fue sólo la pérdida de credibilidad en nuestro servicio sanitario el motivo del cierre de mercados a nuestras carnes es ingenuo, y todas las acciones realizadas se limitaron a demostrar que nuestro servicio sanitario es creíble -cosa que no se ha logrado-, y no se realizó o informó ninguna acción de primer nivel desde la Cancillería.


Desde que se inició la última crisis de la BSE (o «vaca loca»), la UE perdió exportaciones de carne por 800.000 toneladas anuales junto con la credibilidad, no sólo de los consumidores locales, sino también de sus tradicionales compradores.

La UE deberá achicar en 30% su rodeo para compensar la pérdida de mercados.


El cierre de los mercados no pasa solamente por la pérdida de credibilidad, ni es únicamente un problema técnico, sino que pasa también por el uso como para-arancelaria que además de la UE y Estados Unidos utilizaron países con menor es tándar sanitario que el nuestro y una credibilidad del sistema sanitario bastante más frágil que el argentino.

Existen otros mercados que tienen trascendencia por su volumen y deben ser abiertos rápidamente. Chile, por ejemplo, que es un mercado de 60,5 millones de dólares anuales para la Argentina, como demostración de una constante política proteccionista mantiene cerrado el mercado hasta para ovinos de Tierra del Fuego, ante la pasividad del SENASA, que no tomó ninguna medida, y continúa permitiendo el paso de carne por nuestro territorio desde Paraguay y Brasil, países que tienen la misma o peor situación respecto a la aftosa que la Argentina.


Cuando se cerraron los mercados, en marzo, se estimaba que recuperar el mercado de la UE demandaría alrededor de noventa días, plazo que prácticamente se cumplió. Esta estimación se basaba en la pérdida de credibilidad de nuestro servicio sanitario, cosa que estimaban se recuperaría rápidamente.

Transcurridos noventa días de cerrados los mercados el secretario de Agricultura, Marcelo Regúnaga, estimó que en setiembre se reabrirían los mercados. Sin embargo, según las informaciones privadas esa fecha sería noviembre-diciembre, ya que en setiembre vendría una nueva inspección comunitaria.


Las perspectivas inmediatas para la industria exportadora son malas. Aquellas empresas que lograron estructurar una faena de consumo no paralizaron su actividad, minimizaron de esta manera sus pérdidas, para poder sostener sus empresas hasta la reapertura de los mercados.

Esta situación aumenta la oferta en el mercado local generando dos situaciones: el re-mate holandés (a la baja) de los cortes preparados para exportación y que aún se mantienen en stock.