9 de enero 2002 - 00:00

Se necesitan políticas de integración para el agro

Se necesitan políticas de integración para el agro
Con el inicio del año comienza una nueva gestión institucional que debería ser la que termine con la inestabilidad política, económica y social que nos tocó transitar estos años y que culminó con el bochornoso espectáculo que dimos al mundo los argentinos en plena Navidad y Año Nuevo. La conformación del nuevo gobierno y las medidas transformadoras de fondo que se deben tomar en esta emergencia, deben ser el presupuesto indispensable para salir de esta situación, pero sin excluir a nadie en la instrumentación y ejecución de las políticas. Como se hizo una alianza en lo político es necesario hacer también una alianza entre todos los sectores productivos.

La creación del Ministerio de la Producción y la designación de su titular, Ignacio de Mendiguren, es una decisión que parcializa de alguna manera el rol que va a desarrollar el complejo agroindustrial en esta nueva alianza productiva. Sus ideas del país y la industria que quiere, como sus últimas declaraciones, han creado una gran preocupación en todo el sector agropecuario y agroindustrial. Sus pensamientos son antagónicas con las necesidades del complejo agropecuario. Mien-tras De Mendiguren cree en una industria nacional protegida, el sector necesita contar con políticas que nos integren con el mundo.

El campo, a pesar de las variables económicas negativas fue competitivo y pudo seguir produciendo y aumentando nuestras exportaciones. Esto no quiere decir que no cambia la variable macroeconómica que provocó la actual situación del país e impidió al sector agroexportador mejorar más su performance desde la convertibilidad. La convertibilidad fracasó por excesivo gasto público sin control de nuestros gobernantes. Lo que no se puede permitir es retroceder a la década de 1980.

Retornar al doble mercado cambiario, a la sustitución de las importaciones, los derechos a exportaciones, la fijación de precios máximos y policías para controlarlos es repetir experiencias que ya conocimos que nos llevaron a la hiperinflación del 1989.

A pesar de haber contado con todos esos instrumentos de política económica, la industria era ineficiente y no competitiva, el sector agropecuario se había estancado, los salarios eran ficticios y el producto bruto del país no crecía. La consecuencia de todo eso era la inflación que es el impuesto más antipopular que conocimos y provocó el atraso del crecimiento del país por falta de inversiones y seguridad para la actividad privada.

No quiero más un país de camionetas caras y sin tecnologías, que falten insumos o se encarezcan para poder producir competitivamente, por tener una economía cerrada. Un país que cierra su economía y sin reservas es insostenible en este mundo globalizado, salvo que se quiera volver a la emisión sin control, que por un tiempo disimula una nueva hiperinflación.

Previsión

Las políticas que necesitamos son las mismas que tienen los países parecidos al nuestro. La Argentina debe tener una política cambiaria realista y previsible que nos permita integrarnos al mundo y contar con aranceles para defender la producción nacional de las políticas subsidiadas.

El país no puede prescindir del mercado de capital internacional, para contar con financiación, con mercados a futuro, con seguros y reaseguros internacionales y con todo otro servicio que haga a la integración económica de los países y sus individuos. Para recuperar la confianza el país tiene que permitir el libre ingreso y salida de los individuos como de sus bienes, cumpliendo con todas las normas que hagan a la defensa legítima de los intereses nacionales.

En el orden interno tiene que realizar todas la desregulaciones y transformaciones pendientes que hagan un país realmente competitivo en todos los sectores y que nos permita funcionar sin déficit fiscal. Por todos estos argumentos y muchos otros que no es el momento de desarrollar, es que creo imprescindible la autoconvocatoria de todo el complejo agroindustrial para analizar y proponer las mejores políticas que permitan salir de la crisis, dentro de un sistema económico abierto al mundo. Tenemos que hacer valer la importancia del complejo agroindustrial por su volumen de producción, de exportación y la mano de obra que ocupa en todo el interior del país. Es la industria transformadora de insumos y de materia prima más importante y competitiva del país y la que más rápido va a responder a los incentivos genuinos para salir de esta crisis.

En este nuevo escenario del país y del sector en que nos encontramos, nos tiene que servir como conclusión que es una necesidad trabajar en forma conjunta e institucionalizada. El trabajo individual ha perdido sentido en el país y en el mundo. Asumamos que no tenemos capacidad de lobby por la forma independiente de trabajar cada entidad.

El sector agropecuario se tiene que unir con la base de las entidades agropecuarias de productores y la integración de todas las otras entidades para crear la Confederación Nacional de Entidades Agropecuarias.

Si hoy estuviera formada una entidad supranacional, estaríamos sentados en el gabinete nacional discutiendo directamente la política agroindustrial del país para no quedar marginados de las grandes decisiones del gobierno y no equivoque el camino del genuino crecimiento para todos los argentinos.

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