Las circunstancias que está transitando nuestro país tienen un alto impacto coyuntural y estructural sobre la actividad económica que desarrollamos los diversos actores que participamos de ella. No está de más recordar que todo mercado, y en particular el granario, es el ámbito en el cual se expresan las diferentes variables con aptitud de influir en el proceso de formación de precios. Sus variables y riesgos finalmente se explicitan numéricamente sobre el precio de un producto o servicio en función de la previsibilidad o no de las contingencias propias de cada actividad. Es norma, y más aún en nuestra contemporánea Argentina, que el futuro sea una circunstancia condicional y, por tanto, incierta. Pero esa característica universal al desenvolvimiento de cualquier actividad social encuentra remedio a partir de los mecanismos convencionales de arbitraje que se logren implementar. El comercio exterior argentino tiene un volumen de transacciones que, entre importaciones y exportaciones, acumula un total superior a los u$s 50.000 millones. La estructura de la legislación nacional con incidencia sobre el tipo de cambio efectivo para esas actividades es hoy un aspecto de relevancia. En estos días, diversos analistas del mercado granario señalan que éste se encuentra influenciado por factores de diversa naturaleza, advirtiendo que estos últimos tienen relación directa en el corto plazo con la incertidumbre política y económica.
Incertidumbre
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Los exportadores y los importadores no tienen plenamente esclarecido el tipo de cambio con el que contarán, no solamente en el año entrante, sino tampoco en la próxima semana. El tipo de cambio es una variable atada a la evolución de la relación dólar-euro. En el mediano y largo plazo, esta variable, además, posee un marco de incertidumbre previsto por la propia Ley de Convertibilidad ampliada. De cualquier modo, está claro que el tipo de cambio comercial es una variable que tiene un margen de incertidumbre hoy indeterminado. Lo que propongo es que éste pueda ser apreciable. Los mercados, tanto el de valores como el de los commodities, resultan ser eficaces y eficientes cuanto mayor cantidad de instrumentos operativos dispongan para dar respuesta a las necesidades de los operadores que se desenvuelven en él. Esto hace a su dinámica, a su previsibilidad estructural y, en definitiva, a la transparencia en el respectivo proceso de formación e información de sus precios. Circunstancia esta última que tiene un mayor grado de exposición sobre los operadores chicos y medianos. A la fecha, el productor agropecuario aún no está recibiendo el beneficio cambiario que conlleva el factor de convergencia. Es improbable que esa situación se revierta, en tanto el exportador no sabe ni cuenta con los instrumentos aptos para arbitrar el desenvolvimiento futuro del factor de convergencia. Este es el momento de institucionalizar los instrumentos que permitan dar cobertura transaccional al tipo de cambio.
Hoy es el tiempo apropiado para desarrollar la cotización de futuros y opciones de la «convergencia cambiaria». La Argentina cuenta con la estructura operativo-institucional suficiente y necesaria para el lanzamiento de esta cobertura. La necesidad es evidente; y la solución, posible. Esta apoyatura instrumental no sólo será un beneficio para los operadores. Será, además, una contribución para la estabilidad de la actividad económica nacional.
El importador conocerá cuál será el «factor de convergencia» para su importación que deberá pagar dentro de 180 días.
El exportador que paga hoy mercadería que va a exportar dentro de 60/90 días conocerá su «factor de convergencia».