Se regularizan las operaciones en el Mercado a Término

Campo

Lentamente, el Mercado a Término de Buenos Aires va reanudando su operatoria diaria con una aceptable variedad de negocios realizados durante este período. La metodología adoptada para dar efectividad a la liquidación es la fortaleza más importante lograda por el MAT luego de más de 140 días de inactividad. En ella se cumplió al pie de la letra el axioma presidencial de comienzos de su gestión, ya que aquellos que depositaron dólares en la cuenta del MAT, finalmente recibieron dólares.

Y esto no es un dato menor. No ocurrió en ningún otro sector de la economía argentina. En rigor de verdad, aquellos registrantes que habían depositado pesos en concepto de garantía en la cuenta del MAT, están hoy recibiendo pesos, pero al tipo de cambio real del día en que se efectiviza el pedido de liquidación de fondos. No reciben pesos «uno a uno» ni tampoco «uno con cuarenta a uno», sino al precio en que cotiza el dólar libre en el BNP Paribas, muy similar a la del libre del BCRA. Todo un logro de las autoridades del MAT que no merece ser soslayado de modo alguno. De la misma manera, las utilidades resultantes de la liquidación, de acuerdo con la grilla de precios establecida por la última asamblea extraordinaria de accionistas del pasado 12 de abril, también fueron liquidadas en pesos al tipo de cambio libre. Para que el sistema cierre, los quebrantos resultantes de aquella decisión también se liquidaron al mismo tipo de cambio.

Es necesario que los productores reconozcan el logro de haber obtenido esta cuenta especial, producto del Decreto 410 que evitó la pesificación de la cuenta en Dólares de los mercados de futuro, entre las que se encontraba incluida la del MAT. En virtud de esta resolución oficial, las garantías integradas son ahora devueltas a alrededor de $ 3,20 por dólar, en lugar de a $ 1,40.

El mercado climático de los Estados Unidos sigue dominando toda la acción de la plaza de Chicago. El mercado de maíz pudo mejorar sus precios en el mismo comienzo de la semana, hasta alcanzar las mejores cotizaciones registradas desde mediados de marzo, ante un escenario de excesiva humedad, que entorpece las tareas de implantación. De todos modos, y si se llegase a superar este tramo de «weather market», el mercado deberá enfrentarse -tarde o temprano- con la realidad de las disponibilidades de maíz de la vieja campaña en los EE.UU. y la presencia de un mercado con fundamentos que hoy no resultan del todo favorables. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) apuesta a una campaña buena en maíz en el país del Norte: 252 millones de toneladas, partiendo de un área de siembra de 32 millones de hectáreas y un área a cosechar de 29 millones.

• Rindes

El rendimiento proyectado para esta campaña es de 8.655 kilos de maíz por hectárea, que coincide con la proyección efectuada en el «outlook» de febrero. Aquí cabe destacar que en general los analistas americanos suponen que resultará difícil llegar a obtener los rendimientos de la campaña anterior que fueron realmente excepcionales (8.675 kg/ha). La demanda doméstica de los EE.UU. también preocupa. Otro factor de mejora, esta vez de más corto plazo, son las posiciones de venta que acaparan los fondos de materias primas que necesariamente deberán recomprarse más adelante y que es altamente vulnerable a cualquier incidente climático. Por el lado de los factores negativos, ya señalamos más adelante las buenas disponibilidades de maíz de la campaña 2001/02 en EE.UU., que se encuentran a la espera de mejoras en las cotizaciones para convertirse en dinero que financie la próxima campaña agrícola. Además de las demoras en la implantación del maíz, cuya siembra alcanzaba al lunes pasado 62% del área total a dedicar con este cultivo en los EE.UU., contra 72% que resultaría habitual a esta altura del año, se suma además el retraso en la siembra de soja. El USDA informaba que ya se implantó 17% del área correspondiente a soja. La semana anterior la siembra alcanzaba 6% y lo habitual, de acuerdo con el promedio de los últimos 5 años, es de 29%. En trigo ocurre un poco lo mismo: todavía la campaña americana está en riesgo potencial de pérdidas que pueden llegar a ser importantes, pero la demanda no aparece ni tampoco se preocupa por esta circunstancia. Hay demasiados productores en varias regiones del mundo y no existe la alta concentración productiva que se da en maíz o en soja. La campaña 2002/03 promete ser buena en términos de producción global, al menos en las intenciones iniciales, aunque habrá que aguardar hasta julio para ver los resultados finales de la campaña del Hemisferio Norte. Desde la Unión Europea se anunciaba una política más agresiva en el uso de los subsidios al trigo, ante una cosecha que probablemente vaya a ser muy ser buena. El USDA informó que se había implantado 47% del área total a dedicar con este cultivo, contra un promedio de 63%. En cuanto a la condición del trigo de invierno, la misma declinó de la semana actual a la anterior: 34% se encuentra de bueno a excelente, 31% regular, 19% malo y 16% muy malo.

En nuestro ámbito, la tendencia del mercado resulta bastante incierta:
pocos exportadores se atreven a abordar nuevas ventas bajo condiciones de tanta estrechez, que podrían llegar a comprometer las futuras compras más adelante. Tampoco está claro qué ocurrirá más adelante con las ventas al exterior, particularmente a partir de junio o julio, y si los precios siguen tan firmes. Algunos temen un cierre de las exportaciones de trigo argentino que podría provocar una caída apreciable en el nivel doméstico de precios. Respecto de la próxima campaña triguera 2002/03 en nuestro país, la Bolsa de Cereales resalta el escenario de incertidumbre reinante ante el comienzo de este ciclo. Se señala una merma de siembra de entre 8% y 12% respecto de la campaña anterior y se destaca que se trata de una estimación preliminar sujeta a la coyuntura de estos días. Más allá de esta aclaración, cabe señalar que, no obstante los inconvenientes crediticios reinantes y la dificultad de financiar insumos, resulta indispensable observar la otra cara de la realidad que se muestra: los productores agropecuarios cuentan con la posibilidad de obtener moneda dura sembrando y esta tentación, dentro del actual contexto, es muy difícil de superar. Preferimos no adherir a esta teoría de reducción tan marcada en la intención de siembra que hoy maneja la Bolsa de Cereales de Buenos Aires al suponer que la merma no resultará ser tan marcada. Claro está que esto no implica afirmar que no habrá una disminución en los rendimientos a obtener, que sí se encuentran altamente condicionados a la tecnología aplicada.

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