El consumo de lácteos crece fuertemente en los países en desarrollo. Pero para acceder a este mercado, la Argentina debe superar los problemas de organización que se observan en la cadena comercial. Tal es la visión que dio Philippe Jachnik, presidente de la Federación Internacional de la Leche, quien habló en una reunión organizada por la Comisión respectiva de AACREA. Jachnik opinó que todos los indicadores muestran una perspectiva de crecimiento muy fuerte del consumo de la leche en los países en desarrollo y en los mercados emergentes como Latinoamérica. En la medida que los habitantes de estos países aumentan sus ingresos, se incrementa el consumo de quesos, yogures, leche fermentada y otros lácteos. Además, hay buenas perspectivas para colocar la producción de los próximos años por el uso creciente de lácteos en pizzerías y locales de comidas rápidas, como Mc Donald's, por ejemplo, y porque esta materia prima da gran cantidad de productos para la industria alimentaria.
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El producto más comercializado en el mundo es la leche en polvo entera; luego sigue la leche en polvo descremada, la leche condensada, la manteca y los quesos. El comercio de leche fluida, como pack minorista, sólo ocupa 0,5% de la producción mundial.
Con respecto al grado de industrialización, hay países que realizan un procesamiento muy alto de la producción, como la Argentina, donde se supera 90 por ciento. En el extremo opuesto están India e Indonesia, que industrializan menos de 10%, lo que muestra el enorme margen de aumento de oferta de productos procesados que hay en el mundo.
• Excedentes
Jachnik dijo que «hay un grupo de países exportadores con grandes excedentes de leche, que producen 200% o más de lo que consumen, entre los que figuran Nueva Zelanda, Australia, Irlanda, Dinamarca, Bielorrusia y Uruguay. Otro grupo tiene excedentes significativos y produce 110% a 150% más de lo que consume. En él figuran Francia, Holanda, Alemania, EE.UU., República Checa, Eslovenia, Polonia y la Argentina. Los países importadores se clasifican en: con déficit significativo (80% a 95% de la producción): China, Corea del Sur, Japón, Reino Unido, España, Croacia, Macedonia, Brasil y México, y con déficit (menor a 80% de la producción), entre los que figuran la mayoría de los países africanos, Italia, Grecia, América Central, Venezuela, Perú, Bolivia y el sudeste de Asia. Los principales productos importados son leche en polvo entera y descremada en Africa, México, Brasil y sudeste asiático; manteca y queso en Rusia y quesos procesados en Cercano y Medio Oriente.
«En Europa hay cuotificación de la producción de leche desde 1984. En estos 18 años el número de tamberos se redujo en 73% en Francia: donde había 10 productores en 1984, hoy quedan 2,7. Muchos tambos cierran en Europa porque no hay sucesores para continuar con la actividad: los hijos de los tamberos viejos no quieren quedarse en el establecimiento y tampoco hay jóvenes que quieran comprar los tambos por su alto requerimiento de trabajo físico. Esta tendencia a la concentración se da en muchos países y determina un mayor equilibrio entre productores e industriales», explicó Jachnik.
La opinión de Jachnik sobre la lechería argentina es crítica: «La actividad tambera argentina tiene serios problemas de organización. La economía lechera debe funcionar como un todo, con los sectores de la producción y de la industria perfectamente ensamblados. En Canadá, EE.UU. y Europa los productores están organizados con los industriales, son muy fuertes y entre todos buscan desarrollar una actividad que no sea desplazada por otras cadenas productivas de alimentos, como la de los vegetales, por ejemplo».
Asimismo, el especialista consideró que «en la Argentina los productores deben empezar a construir algo en ese sentido a partir de intereses comunes con la industria, sorteando los egoísmos y visiones sectoriales».
• Instrumentación
Ante la pregunta acerca de cómo se podría instrumentar ese propósito en la práctica, Jachnik dijo que «la experiencia muestra que donde la actividad láctea funciona bien, siempre hay productores e industriales sentados a la misma mesa buscando acuerdos para defenderse de los distribuidores».
Para Jachnik, «en la Argentina la clave sería encontrar algo que haga sentar las partes a la mesa. Siempre surgirán conflictos, pero ambos sectores saben que deberán volver a reunirse para seguir negociando. Para esto, los productores deben organizarse, porque las compañías ya lo están. A los ojos de un extranjero, suena extraño que en la Argentina haya más de diez organizaciones que dicen representar a los productores de leche», cuestionó.
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