Venado Tuerto, Santa Fe (enviada especial) - El actual contexto económico, sumado a las últimas medidas que lanzó el gobierno harían peligrar las próximas campañas agrícolas en la Argentina. Sin embargo, los productores aún buscan la manera de aumentar los rindes de sus cosechas, utilizando al máximo la tecnología hasta ahora disponible. Es el caso de la Administración Avellaneda, encabezada por Juan y Agustín Avellaneda, quienes encararon un proyecto con el fin de alcanzar los techos de rendimiento en soja de primera y de segunda. Como resultado se obtuvo un promedio de 55 quintales por hectárea, un volumen récord teniendo en cuenta que el promedio país alcanza los 25 quintales por hectárea.
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"Veníamos observando que la soja se incorporó como una oleaginosa de pocos requerimientos para ocupar un lugar en las rotaciones extensivas y este pensamiento se tradujo en rendimientos muy por debajo del potencial del cultivo", aseguraron ambos productores. Utilizando toda la tecnología disponible en semilla, fertilización, inoculación, protección de cultivos y mecanización, en setiembre del año pasado, los Avellaneda iniciaron un ensayo junto a Montsanto y a un grupo de empresas y asesores del sector en el establecimiento San Marcelo, en el sur de Santa Fe. «Lo bueno es que armamos un equipo que funcionó muy bien y cada uno cumplió su rol», destacó Avellaneda.
"La genética de la soja permite superar los rindes que se obtienen actualmente. Los expertos que venían del exterior aseguraban que en la oleaginosa se podía obtener sólo 50 por ciento de lo que se cosechaba en maíz o trigo, debido al tipo de suelos que tienen los campos argentinos", explicó Juan Avellaneda. El productor indicó hace muchos años que está tras el proyecto de mejorar los rendimientos y que el objetivo era demostrar que tecnológicamente se podía producir más. "No se trata de utilizar más insumos, sino de un ajuste del cultivo. Por ejemplo, se necesitan una buena distribución y una profundidad para una germinación más pareja", aseguró Avellaneda.
El dueño de casa señaló que para obtener altos rendimientos se requiere un importante volumen de nitrógeno, inclusive más de lo que necesita el maíz. En tanto, José Luis Albero, gerente de marketing de soja de Montsanto, explicó que el planteo fue darle el mismo ambiente del maíz a la soja, utilizando fertilizantes y riego. "El desajuste mayor era la genética disponible. Los grupos 4 y 3 en esta región hubieran volcado y se hubiesen enfermado, perdiendo el potencial. Entonces hubo un desafío importante para ver qué tipo de material podía encajar en ese esquema de alta producción. Por eso realizamos el ensayo en esta región, en donde materiales que funcionan bien en otras zonas, aquí no dan resultados", indicó el ejecutivo.
A pesar de todos los insumos que se aplicaron, el análisis de costos del ensayo resultó rentable. Según indicó Agustín Avellaneda, los gastos se incrementaron de 100 a 150 dólares contra un margen de 350 dólares. "El costo se incrementa más que nada con los fertilizantes, pero se puede llegar a arreglar. En soja de segunda, los costos son menores porque los fertilizantes ya se utilizaron para el trigo", aseguró.
Rendimientos
Los productores afirmaron, por otro lado, que en un marco de retenciones y falta de financiación será más difícil invertir en tecnología, provocando una inevitable reducción de los rindes en las próximas campañas. Para Albero los cultivos que requieran mayor inversión "se van a limitar a las regiones con buenos suelos y climas casi óptimos. En cambio aquellos que no necesitan muchos insumos, como soja y girasol, se expandirán hacia otras zonas".
"Nosotros antes corríamos detrás de los precios del mercado de futuros para la rotación y luego descubrimos que siempre nos equivocábamos, porque en el momento de cosecha ese grano no valía nada", apuntó Juan Avellaneda. "Nuestro planteo ahora es totalmente técnico: hacemos la rotación que más le conviene al suelo para mejorar los rendimientos de todos los granos y repartir mejor los riesgos". Para el empresario, en el actual marco económico habrá una menor rotación de cultivos, provocando una merma de los rindes, debido a la mayor erosión del suelo y a una menor utilización de la siembra directa.
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