Washington - El ambicioso Festival Americ Artes que se desarrolla en el Kennedy Center de esta ciudad, auspició una presentación de la Orquesta Juvenil de las Américas. En agosto del año pasado, Buenos Aires conoció en el Teatro Colón a este excelente grupo de músicos de nuestro continente que se apresta a encarar su Temporada 2003, con otras actuaciones en Estados Unidos, Costa Rica, Perú y Colombia.
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Para el concierto del Kennedy Center, estuvo al frente de la Orquesta Juvenil de las Américas el talentoso director mexicano Carlos Miguel Prieto (hijo del eximio violoncelista Carlos Prieto), formado en dirección orquestal con los maestros Enrique Diemecke, Charles Bruck y Jorge Mester. Prieto es en la actualidad director titular de la Orquesta Sinfónica de Xalapa -una de las más reconocidas de México- y director asociado de la Orquesta Sinfónica de Houston.
En el concierto ofrecido en Washington, se apreció la agradable «Fantasía para Saxofón y Orquesta» de Heitor Villa Lobos, con Paquito D'Rivera en calidad de solista. La ejecución fue prolija, y D'Rivera hizo alarde de buena técnica y fina sensibilidad interpretativa. Del mismo músico cubano, se escuchó a continuación su «Canto a la Paz», composición con resonancias del género cross-over y los textos, que invocan lugares comunes tales como «juntos todos podemos...», fueron cantados en inglés por Brenda Feliciano. El contenido musical de esta obra es pasajeramente grato.
Las «Variaciones Concertantes» de Alberto Ginastera que le suguieron, resultaron material mucho más sólido para dar la pauta de la acabada musicalidad del director Prieto, y de los jóvenes intérpretes. Pareciera que el gran compositor argentino, frente a los grandes desafíos de la música del siglo XX, quiso -y pudo- ofrecer una «respuesta latinoamericana»: su místico y fantástico «Popol Vuh», basado en ritos y leyendas mayas, hace frente con gran altura a la «Consagración de la Primavera» de Stravinski, y sus «Variaciones Concertantes» parecen constituir una sonora réplica al «Concierto para Orquesta» de Bartok.
A lo largo de doce «Variaciones»,Ginastera ofrece oportunidad de lucimiento y vituosismo a todas las familias de instrumentos. Arístides Rivas (cellista venezolano) y Eugenia Espinales (arpista mexicana) dieron lírico envión inicial a esta obra. El violista Richard Urbano (Venezuela) afrontó con solvencia los desafíos técnicos de la «Variazione Dramatica», y sus jóvenes compañeros y compañeras respondieron con entusiasta musicalidad a los gestos a la vez elocuentes, precisos y sobrios del director Prieto, a lo largo de esta exigente obra, que es genuinamente magistral.
El programa cerró con una acertada interpretación de «El amor brujo» de Manuel de Falla. Aquí, la cantante Brenda Feliciano pudo lucir su instinto teatral (es también actriz), y valerse de su voz, que se acomoda bien a las intenciones «gitanas» del compositor español. Su interpretación no destacó mayormente matices sonoros, pero proyectó energía y vitalidad.
A la «Danza del fuego», Carlos Miguel Prieto le impartió rigor rítmico, resistiendo entregarse a la tentación de exagerar rubatos o crescendos -tentación a la que son proclives muchas interpretaciones de esta «Danza», que es el más célebre de los episodios de «El amor brujo».
A lo largo de este magnífico concierto, el maestro Prieto dialogó con sus oyentes, ofreciendo explicaciones sobre las obras y sus compositores (información inexplicablemente ausente en los programas del Kennedy Center). Prieto logró interesar y entusiasmar al público con el excelente don de comunicación que se reveló también desde el podio hacia la orquesta, en la muy efectiva respuesta que obtuvo de sus jóvenes intérpretes.
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