Vamos a terminar con un chiste de una categoría clásica.
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Manolo va manejando por una ruta y advierte que empieza a quedarse sin combustible. A los pocos kilómetros ve una estación de servicio con un motel contiguo. A la entrada de la estación hay un cartel enorme donde se lee “Llene el tanque y tenga sexo gratis”. Sorprendido, Manolo se detiene en esa estación, llena el tanque, y cuando va a pagar le dice al encargado:
--Oiga, ahora quiero ese sexo gratis que ustedes ofrecen.
--Muy bien, señor --le responde el hombre--. Ahora sólo le falta adivinar un número del uno al diez, y si acierta tendrá sexo gratis.
Manolo piensa un momento y dice:
--Siete.
--No, señor, qué lástima, era ocho. Que tenga mejor suerte la próxima.
A la semana siguiente Manolo vuelve a pasar con el auto por la misma estación, esta vez acompañado por Fermín, un amigo suyo.
Se detiene, vuelve a cargar nafta, y al llenarse el tanque le reclama otra vez al vendedor por el sexo gratis.
--Muy bien, señor --le responde el encargado--. Sólo tiene que adivinar un número del uno al diez, y si acierta tendrá sexo gratis.
Manolo frunce el ceño, desconfiado, y dice:
--Tres.
--No, señor, qué lástima, era cuatro. Que tenga mejor suerte la próxima.
Manolo se sube a su auto y arranca. Y mientras se alejan le comenta a su amigo:
--Oye, Fermín, para mí que este tío miente y nunca te da sexo gratis. Siempre te dice que te equivocaste por un número.
--Que no, Manolo, que no --le dice Fermín--. Mi mujer acertó dos veces el mes pasado.
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