23 de diciembre 2019 - 00:00

Chiste de quincho

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Un chiste de la línea fuerte, de esos que nos piden nuestros lectores.

Dos amigos salen a jugar al golf, como todos los sábados, y en un momento se les suma un tercero, que les pregunta si puede unírseles al juego. Ellos se miran, se encogen de hombros, y le dicen que sí, que no hay problema. Después de jugar una media hora, los jugadores le preguntan al recién llegado a qué se dedica.

--Soy sicario --les responde.

Los amigos se ríen pero el hombre continúa, seriamente.

--Es cierto lo que les digo. Fíjense en mi bolsa de golf, allí llevo a todas parte mi arma.

Asombrados, los otros examinan la bolsa y descubren un rifle con mira telescópica. Uno de ellos lo saca y se pone a mirar a través de la lente.

--¡Qué bien se ve mi casa desde acá! --exclama--. Allí veo a mi mujer... oh... está desnuda... y... ¡también está mi vecino, desnudo!

El descubrimiento lo pone furioso y violento, y entonces pregunta al sicario:

--¿Cuánto cobra usted?

--Mil dólares por disparo --responde tranquilamente el asesino.

--¡Muy bien! --dice el hombre--. Pero no los mate. A mi mujer dispárele en la boca, porque siempre me está insultando. Y a él dispárele en el pene, para que deje de hacerse el galán para siempre.

El sicario toma entonces el arma y se pone a mirar a través de la lente. Al cabo de unos minutos de demora, el marido engañado exclama ansiosamente:

--¿Y? ¿Para cuándo?

--Espere, espere... que estoy por hacerle ahorrar mil dólares.

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