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2 de diciembre 2002 - 00:00

A Independiente le sobró linaje de campeón

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En verdad, uno no entendía bien cómo se podía hablar de incentivación, de soborno, de reuniones secretas. ¿O acaso San Lorenzo no podía ganarle a Independiente? o este equipo que dirige Américo Gallego no tenía fundamentos que lo hicieron -de entrada-en candidato al título.

En realidad, San Lorenzo fue el «convidado de piedra», que tenía la responsabilidad de darle continuidad al campeonato en un momento difícil. Complicado porque llegaba a este partido luego de un gran esfuerzo que terminaba apenas unas horas antes del jugado en Medellín ante Atlético Nacional, donde casi se trajo (con ese contundente 4 a 0) nada menos que la Copa Sud-americana.

Tenía como adicional, que Insúa no podía siquiera darse el lujo de poner en la cancha a jugadores que no fueran los que habitualmente integran la formación titular, ni siquiera utilizar como argumento alguna lesión de un jugador como para darle descanso o resguardarlo.

Independiente salió cauto, como timorato, regalando terre-no y -lo peor-no hacía pie en el medio, donde se suponía que Insúa, Castagno Suárez, Guiñazú y Montenegro, no estaban ni en la marca, ni en la creación para diagramar un camino ofensivo, con algún contenido.

San Lorenzo se hizo de la pelota. Primero, en el gran trabajo de contención de Michelini y en menor medida de Zurita. Luego en la insistencia de Chatruc de ganar la línea de fondo, de las «avivadas» de Acosta para fabricar infracciones y en el manejo que podía imponer Romagnoli. Claro, ni Paredes ni Astudillo hablaban el mismo idioma futbolístico y el juego se perdía en un trazado lateralizado, que si bien llevaba algo más de pimienta que lo que podía Independiente, pero no era suficiente.

El juego hizo un «crack» luego de dos situaciones casi simultáneas: una, cuando los jugadores de los dos equipos entraron en fricciones impensadas y a pocos minutos el gol de Insúa, que resolvió bien ante la salida de Saja y el «macanazo» de Gonzalo Rodríguez. Con ese gol Independiente se fue al descanso, tal vez sin saber que en esa pelota de red, se había resuelto el pleito.

El medio de San Lorenzo siguió teniendo la pelota. Cada vez con menos sorpresa, mucho más reiterativo en su andar, con menos eslabones para escalar en terreno ofensivo y --finalmente-con la insistencia de tratar de rebasar por presencia individual, la falta de piernas. Todo esto tiene que ver porque a Independiente se le hizo fácil, tal vez demasiado. Llegó el segundo (empujón y foul de Silvera no cobrado) y el tercero de Pusineri, que capitalizó una pelota que quedó boyando.

El resto es sólo para la anécdota. Un evidente foul penal a Acosta (cuando iban 0-0), un penal que Brazenas cobró (cuando no había sido) y luego anuló porque el mismo Astudillo estaba en posición adelantada y esos minutos del final, donde los dos equipos parecían pedir clemencia y pedir la hora, porque los inadaptados de siempre ya hacía muchos minutos que intentaban romper el alambrado. De todas maneras, en el desorden, Independiente pudo dar su merecida vuelta olímpica.

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