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El partido fue muy mediocre y trabado con mucho juego en la mitad de la cancha y muy pocas situaciones de gol. Dentro de esta mediocridad Boca intentó más con el sacrificio de Neri Cardozo y la potencia de Mauro Boselli. Quilmes nunca hizo pesar ni su condición de local, ni la mayor experiencia de sus jugadores. Su único argumento ofensivo fueron los centros en busca de Ariel López que siempre perdió con Silvestre. Por eso Boca justificó su triunfo en el tesón de sus juveniles, que no dieron ninguna pelota por perdida y aprendieron que el partido se puede ganar hasta el último segundo. Informate más
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