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5 de noviembre 2008 - 00:00

Ayer, no sólo se habló de Obama y McCain en EE.UU.

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«Apostando a una leyenda.» En el día quizás más importante a nivel noticioso del año, «The New York Times» tuvo lugar en su tapa de ayer para Diego Maradona: la designación del «diez» como técnico de la Selección argentina abre además el suplemento deportivo, un hecho harto infrecuente no sólo para una noticia de fútbol sino también para un hecho que sucede fuera de Estados Unidos y en el que no está involucrado algún deportista de ese país.

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El corresponsal Dan Rosenheck -o el editor de la sección Deportes-no pudo evitar el lugar común: alguno de ellos tituló «Un reino de este mundo para un dios del fútbol», e ilustran con dos fotos de Maradona: una en su peor momento de obesidad (abotagado, gordo, avejentado) y otra más reciente, en la que se lo ve mejorado.

La nota dice que, a partir de este mes, el ex futbolista de 48 años «probará su mano en una tarea totalmente terrestre: dirigir la Selección argentina que no ha conseguido clasificarse para las semifinales de un Mundial desde los días en que 'el Diego' (sic) era su estrella».

La nota recuerda que, luego de retirarse hace 11 años, «Maradona siguió en el candelero sobre todo por ser la mayor estrella de los teleteatros de la vida real, que tuvieron como argumento sus muy publicitadas batallas contra las drogas, la obesidad, los medios y sus ex amantes-. » Agrega que ahora las esperanzas de «40 millones de argentinos locos por el fútbol descansan sobre los hombros -mucho más delgados desde su operación de cinturón gástrico-de un hombre que, según la prensa local, podría ser el menos preparado para la tarea en la historia del fútbol internacional».

El periodista asegura que darle las riendas del seleccionado «representa un profundo, quizás temerario, salto de fe: su currículum como técnico es breve y ambivalente. En 1994 y 1995, dirigió a dos equipos locales, con sólo tres victorias en 23 partidos, y hasta debió dar órdenes desde la platea porque una suspensión por uso de efedrina le impidió ir al banco».

El periodista califica de «sello de goma» al Ejecutivo de la AFA, que se limita a refrendar las decisiones de Julio Grondona, por lo que la elección de Maradona es considerada un hecho consumado. «Grondona, que es también vicepresidente de la FIFA, maneja el fútbol como un feudo personal. Durante sus 29 años en el cargo ha sido acusado de usar su influencia sobre los árbitros, los medios y la distribución de ingresos para garantizarse la obediencia de los presidentes de los clubes que lo eligen, así como para incrementar sus intereses comerciales», es la dura descripción del «Times».

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