Once Caldas asumirá este trascendental partido acompañado por todo el pueblo de su país, ya que hasta el propio presidente de Colombia, Alvaro Uribe -que llegó a Manizales para protagonizar una reunión con alcaldes-, le brindó su apoyo, se fotografió con el plantel y dijo que «el éxito del Once Caldas no es un milagro», sino «un producto de la disciplina y la tenacidad». En tanto Boca estará apoyado por unos 500 simpatizantes llegados desde la Argentina y otras latitudes.
Todas las localidades puestas a la venta para este partido se agotaron rápidamente.
En el plano estrictamente futbolístico, el equipo de Carlos Bianchi está definido -pero no confirmado oficialmente-, y realizará cuatro modificaciones respecto del que jugó en Buenos Aires la primera final.
El colombiano Luis Perea reemplazará al juvenil Pablo Alvarez en el lateral derecho de la defensa, mientras que volverán a sus puestos, tras cumplir las suspensiones impuestas por las expulsiones en el superclásico ante River, los mediocampistas Raúl Cascini y Fabián Vargas. Como consecuencia de estos ingresos saldrán del equipo el cordobés Pablo Ledesma, el brasileño Pedro Iarley y el atacante Antonio Barijho.
En el ataque volverá Carlos Tevez para ser el acompañante adecuado de Guillermo Barros Schelotto.
Por su parte, Once Caldas anuncia una formación más ofensiva, porque se prevé que el incisivo Jorge Agudelo reemplace a Herley Alcázar en la línea de dos atacantes que conformará con el habilidoso Arnulfo Valentierra, quien se recuperó de su lesión en el tobillo derecho y fue confirmado por el técnico, Luis Fernando Montoya. El resto del equipo sería el mismo que buscó trabajosamente -y lo consiguióla igualdad en la Argentina, ya que el esquema de juego no se modificará sustancialmente.
«Los dos llegamos con las mismas posibilidades, pero tengo fe en Boca porque este equipo me ha dado grandes satisfacciones», dijo el entrenador Carlos Bianchi.
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