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Los entendidos dicen que, aunque las voces partan de un estadio repleto como el de Belén, el aliento de la gente puede tener efecto negativo, si no es que un gol echara calma o pusiera algo más de leña al fuego. Boca comenzó el partido especulando, aunque bien plantado. No esperando sobre su área, sino peleando cada pelota en la zona media. ¿Que pasó?: Paysandú, si bien tuvo cierta facilidad para hacerse de la pelota en su campo, no encontró caminos al partir desde medio hacia arriba.
Si el juego se le complicaba en ese planteo inicial, ni decir cuando Barros Schelotto capitalizó un rebote de un propio remate y cruzó a la red. Los nervios, las necesidades de escalonar, los circuitos se debían encontrar del lado de los brasileños. A Boca se le abrió un panorama interesante, porque encontró en Tevez al jugador que «aguantaba» a los defensores y tenía (aun pensando que con altibajos) el aporte individual de Barros Schelotto, Delgado y Battaglia.
De todas maneras, Vandick y dos veces Iarley pusieron a prueba a Abbondanzieri (no menos de cuatro atajadas espectaculares), que se hizo estandarte de una doble línea donde Schiavi, Burdisso y Crosa se fueron haciendo fuerte. Sin embargo, lo llamativo fue el trabajo realizado por Jerez, quien no sólo le ganó a Iarley en jugadas clave, sino que hasta se creó tiempo y espacio para lanzarse en ataque.
Paysandú arrojó sus baterías en conjunto. Un poco por ese agrupamiento en campo de Boca y otro tanto por un retraso (lógico) es que los brasileños comenzaron a ser más precisos, más punzantes y llegó el empate: Iarley por izquierda, centro y Lecheva incrustó en la red. Duró poco, porque picó Barros Schelotto, le entregó a Delgado y éste envió sobre la salida del arquero. Y, por si fuera poco: dos penales claros (uno a Tevez y otro a Barros Schelotto) para que el mismo Guillermo elevara la cuenta a cuatro, desde los doce pasos. Descontó Paysandú, pero ya era tarde.
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