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Boca hizo notar sus intenciones de entrada: mucha circulación del balón en forma horizontal para quitarles ritmo a los colombianos y si podía sorprender con un contraataque, mejor. Una táctica basada más en la paciencia que en la explosión ofensiva y que necesitaba de solvencia defensiva, porque un gol podía cambiar totalmente el planteo del partido.
La falta de potencia ofensiva de Independiente Medellín hizo que el partido fuera soporífero. Porque uno no quería y el otro no podía.
La entrada de William Vásquez les dio más profundidad a los colombianos, porque el ex Newell's se ubicó por el sector derecho y le ganó las espaldas a Clemente Rodríguez, aunque sus centros nunca encontraron receptor.
Por eso terminaron siempre chocando con la firmeza defensiva, que parecía bastar y sobrar para rescatar el punto que Boca había ido a buscar.
Pero cuando el partido terminaba y el técnico Carlos Bianchi había hecho entrar a Pablo Jerez por Matías Donnet para perder algunos segundos más, llegó una jugada espectacular de David Montoya por entre los defensores rivales y un remate que Abbondanzieri no pudo detener, y se acabó el partido.
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